Son demasiado tangibles y cotidianos los avances en la emancipación de la mujer desde el triunfo revolucionario cubano en 1959; pero la violencia contra las féminas no es un problema resuelto, ni mucho menos.

 

No se verifican en Cuba las amputaciones y lapidaciones habituales en otras partes del mundo, pero el maltrato no ha sido eliminado aún. Persisten determinadas condicionantes relacionadas con el machismo, con prácticas de una herencia judeo-occidental, pero lo más terrible sigue siendo el silencio, el que hacen las víctimas del abuso y muchos testigos. Temor y complicidad son lugares comunes en estos casos.

Es preciso romper ese silencio para empezar a ganar esta batalla. La forma más visible de violencia contra la mujer es el daño físico, pero no es la única. Está el maltrato psicológico que pudiera no dejar secuelas en el cuerpo (son probables en muchos casos), pero que degradan el espíritu y envilecen las almas, la de la víctima y la del victimario.

Desde hace algunos años, la ONU estableció el 25 de noviembre como el Día de la No Violencia Contra la Mujer, a la memoria de las hermanas Mirabal, asesinadas en esa fecha del año 1960 por agentes de la dictadura de Trujillo en la República Dominicana. Es decir, hay una voluntad mundial contra ese problema, pero es en Cuba donde existen los mejores mecanismos para erradicarlo. Las casas de atención a la familia, consultas especializadas y un corpus legal, son algunos de ellos.

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