El Cerro Pelado: Olimpo de la dignidad

0
13

Ningún segmento del entramado nacional cubano, ha quedado fuera del abuso imperial. El capítulo del Cerro Pelado se inscribe en la actitud siempre firme de los revolucionarios cubanos, frente a la adversidad y a la ya conocida prepotencia del vecino poderoso. Hijo de la Revolución Cubana, el movimiento deportivo escribió un mensaje para cualquier tiempo por venir.

Había mucho simbolismo en el nombre del buque. Cerro Pelado, en el actual municipio granmense de Bartolomé Masó, fue el escenario de un significativo combate en septiembre de 1958, que determinaría luego el destino del IV Frente Oriental Simón Bolívar. Otra vez gravitaba el sino de la victoria que, en heroica intertextualidad, define otra cadena de triunfos.

Puerto Rico sería en junio de 1966, la sede de los X Juegos Centroamericanos y del Caribe. El imperio no pierde oportunidad alguna para ratificar con actos que la ínsula sigue siendo una porción esclava de Nuestra América. El gobierno de los Estados Unidos hizo entonces cuanto pudo para boicotear la participación del archipiélago rebelde.

No deja de ser una vergüenza para la potencia más poderosa y agresiva de la historia universal, que el mundo signifique el surgimiento de un auténtico y formidable movimiento deportivo, a pesar del acoso brutal.

Primeramente, negó las visas. Cuando casi no quedaba tiempo de maniobra, las extendió. ¡Guerra psicológica a plenitud! Pero lo acompañó, como siempre, con una condición que llevaba todos los destellos de la amenaza: ni aviones ni barcos cubanos podían aterrizar o recalar en la geografía de la colonia.

En la antigüedad, hasta la barbarie se detenía para darle paso al deporte. Las armas se rendían ante el laurel de los triunfadores. Pero ahora, los campeones de la democracia, de la inclusión y del libre pensamiento, utilizaban un foro deportivo para la guerra, en este caso contra un pequeño país nada dispuesto a ponerse de rodillas.

El Cerro Pelado fue una idea de Fidel. Tiene su estilo para enfrentar cada entuerto que impone el Gigante. Durante la travesía, los vuelos rasantes de la aviación norteamericana pretendieron sembrar el desajuste emocional de los deportistas cubanos. Y nuevamente, la contienda asimétrica confirmaba su capacidad de vencer al coloso enemigo.

Y como quienes hablan con el destino, los atletas cubanos pergeñaron la famosa Declaración del Cerro Pelado, en la cual se defendió el derecho de Cuba, como el de los pueblos enteramente libres, de participar en cualquier evento deportivo, a pesar de la injusticia de los que mandan, y hasta de la cobardía y la inacción de los que dócilmente obedecen.

Lejos de cualquier acto que fuera interpretado como una provocación, el barco quedó en aguas internacionales, pero a la distancia de un remo de la jurisdicción borinqueña que aún la arrogancia pisotea desde que se la arrebató al decadente imperio español. En barcazas con el pabellón puertorriqueño, validado con la sangre patriota en las calles, en riesgosas operaciones, la delegación cubana arribó a tierra. Y a tiempo, para tomar parte en la justa.

Califiquenos

DEJA UNA RESPUESTA

Comentario
Nombre