El 26, la convicción, una conjetura histórica

0
32

En más de una ocasión, Fidel habló sobre qué habría ocurrido de triunfar la Revolución tras las acciones en Santiago de Cuba y en Bayamo el 26 de julio de 1953. En su opinión, tal vez sería una victoria temprana. Creía que el contexto internacional no era en ese momento favorable para la supervivencia del proceso ante el inevitable acoso imperial de su vecino del norte.

No era una simple conjetura. La solidaridad soviética fue decisiva para la defensa de la obra social y humana de los cubanos. Para aquellos días, ya Stalin había fallecido, pero la nomenclatura de su poder casi absoluto en aquel Estado multinacional permanecía intacta. Esa gente jamás plantaría cara frente al imperialismo, por la causa de un pequeño eslabón del otro lado del mundo.

En virtud de la denominada coexistencia pacífica, la Unión Soviética trataba de no molestar a los Estados Unidos. A cada rato, Fidel les preguntaba a los dirigentes soviéticos por qué solamente establecían relaciones con los partidos comunistas de los países emergentes, dejando a un lado a movimientos, foros y organizaciones por donde discurría la voz de millones de desposeídos del planeta.

¿Qué ocurría en Moscú mientras la avanzada de la Generación del Centenario entraba a fuerza de heroísmo en la historia de Cuba? El deceso del Hombre Hecho de Acero había dejado un enorme vacío que otros trataban de llenar a toda costa y a cualquier costo. Estaban muy ocupados, demasiado tensos, en la tarea nada fácil de sacar del juego al poderoso jefe del aparato secreto, Lavrenti Beria, quien conservaba bajo su mando a oficiales de alto rango y poder de decisión en todos los niveles de la vasta geografía del país.

Seamos realistas. El exitoso estallido en un peñón antillano, habría pasado prácticamente inadvertido para aquellos jerarcas del entramado histórico stalinista que en el verano de 1953 conspiraban, interesados en ganarse para su causa a los grandes mariscales de las fuerzas armadas, como contrapeso frente a un tenebroso personaje de tentáculos en todas partes.

Y no solo eso. Las acciones del 26 de julio de 1953, por supuesto, no estaban patrocinadas por el Partido Socialista Popular (PSP) el cual, como recordaba luego el viejo cuadro comunista Carlos Rafael Rodríguez, reunido ese propio día, calificó erróneamente al movimiento como un putsch militar que solamente serviría como pretexto para una mayor represión.

Esa sería, seguramente, la versión que llegó a Moscú, en el hipotético caso de solicitarse algún informe. No debe olvidarse que ya avanzado el año 1960, después del triunfo revolucionario, las dirigencias soviética y china le reclamaban a Blas Roca que se hiciera cargo del mando, y le criticaban la decisión del PSP de sumarse a las Organizaciones Revolucionarias Integradas (ORI).

Creo que el encanto de Fidel fue determinante en esa narrativa. Su presencia en la ONU en septiembre de 1960, clasifica como un compendio anecdótico de la dignidad. Los periodistas le preguntaban a Nikita Jrushchov si Fidel era comunista. El hombre que se quitó el zapato en el podio, respondía ingeniosamente: “Yo no sé si Fidel es comunista. Yo sí soy fidelista”. Cometería luego errores estratégicos y de principios durante la Crisis de los Misiles, pero en Cuba se le recordará como un amigo.

Con serios problemas de estabilidad en la entonces República Democrática Alemana (RDA), precisamente en julio de 1953, difícilmente los soviéticos habrían puesto los ojos en un proceso lejano de jóvenes idealistas sin vínculo conocido con el comunismo. Cuba no tendría para esa fecha acceso a los recursos, ni al trato justo que le dispensaría años más tarde el Consejo de Ayuda Mutua Económica (CAME).

Al margen de cualquier especulación permanece la convicción de que, en el verano de 1953, lo más valeroso y soñador de la juventud cubana habría aceptado el desafío de defender su obra a cualquier precio, ante una eventual amenaza exterior.

Y sin esperar la ayuda de nadie, ni rendirse ni claudicar jamás, como lo demostró bajo la zarpa cruel de los peores sicarios de la historia en el Cuartel Moncada.

Califiquenos

DEJA UNA RESPUESTA

Comentario
Nombre