El 24 de febrero de 1895: el latido de Martí

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24 febrero de 1895, inicio de la guerra necesaruia , foto tomada de la televisión avileña

En la famosa Orden de Alzamiento redactada por José Martí, y suscrita por Enrique Collazo y Mayía Rodríguez, en calidad de delegados de Máximo Gómez, se reclamaba una acción simultánea, “o con la mayor simultaneidad posible, de las regiones comprometidas”. En cuanto a la fecha se recomendaba la segunda quincena de febrero.

La decisión se cursó a Juan Gualberto Gómez. Sobre la vía, existen varias versiones, incluida la del célebre tabaco. El ambiente era ciertamente insurreccional. Y siempre estaba latente la eventualidad de algún estallido inoportuno que malograra la concepción estratégica del Apóstol, desde la dirección del Partido Revolucionario Cubano.

Antecedentes hubo. Ahí está el ejemplo del levantamiento de Ricardo Sartorio Leal y sus hermanos Manuel y Miguel el 11 de abril de 1893 en Purnio, entre Holguín y Gibara. En el proyecto de guerra breve y generosa, no se ajustaban capítulos aislados. Y a eso dirigieron sus esfuerzos los patriotas, dentro y fuera del archipiélago.

Como se sabe, el fracaso del Plan de Fernandina fue un golpe terrible. Alertó a las autoridades norteamericanas, pero sobre todo alarmó a España. Sin embargo, echó luz sobre lo que en la más estricta discreción había logrado Martí. Lejos de desmoralizar a la gente, el ardor independentista se multiplicó.

Pero el óptimo plan se perdió. Ya no se verificarían las tres grandes expediciones que iban a desembarcar por Oriente, Camagüey y Las Villas, con los principales jefes. Tampoco era pertinente postergar la contienda. Persistía el peligro muy real de que mucha gente comprometida fuera arrestada.

¿Por qué el 24 de febrero?

La selección del 24 de febrero no fue casual ni fortuita. Era domingo, primer día de carnaval. Para contrarrestar cualquier eventualidad, varios jefes orientales se internaron en el monte con sus respectivas partidas antes de la fecha.

Otros, como el general Julio Sanguily, fueron sorprendidos. Hasta hoy, prevalece la teoría de una presunta traición suya, y que realmente se dejó sorprender.

El simultáneo movimiento nacional que quería el Delegado del Partido Revolucionario Cubano no se logró. En el occidente, acontecieron, por ejemplo los pronunciamientos de Ibarra y Jagüey Grande, que no prosperaron.

Algo parecido ocurrió en determinados territorios villareños. La jornada se transpuso nuevamente en arrestos. Uno de ellos, Antonio López Coloma, sería fusilado después.

De todas formas, no se corresponde con la verdad histórica denominar Grito de Baire al 24 de febrero de 1895. De tomar notas al margen en los numerosos ensayos y artículos sobre el reinicio de las gestas independentistas, encontraríamos sin falta una treintena de localidades implicadas.

Nada le restaría heroísmo a la arenga de Saturnino Lora en Baire, que trastocó el ardor de una valla de pelea de gallos en decisión de tantos en seguirlo en la pelea otra por conquistar una patria.

La jornada significó igualmente el crecimiento humano. A la causa por la independencia concurrió Manuel García Ponce, El Rey de los Campos de Cuba, una especie de Robin Hood cubano, imbatible durante ocho intensos años, y que sospechosamente sería asesinado por uno de los suyos, precisamente ese día, en el momento en que se incorporaba a la lucha.

Como había ocurrido en las gestas anteriores, fue en el Oriente cubano donde el movimiento logró sobrevivir. Y allá volvió el poder colonial, con el pretendido propósito de sofocar la rebeldía de los cubanos. Y ya se cursaban mensajes de una inminente caída de los focos de resistencia.

Pero a pesar de tantos inconvenientes, la llama del 24 de febrero de 1895 no se apagó. Y fue lo que hizo posible que poco después, desembarcaran los líderes que la gente ansiosamente esperaba.

Algunos la definen “la Revolución de Martí”. Por ahí perduran sus palabras: “Yo evoqué la guerra. Mi responsabilidad comienza con ella, en vez de acabar”. En la resonancia de la fecha en la historia de Cuba, se halla sin falta el latido del más grande de sus hijos.

 

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