Ignacio y Amalia, una historia de amor

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El amor, ese sentimiento universal que abrigan canciones, poemas, películas también tiene hospedaje en la historia, fervientes muestras de ese valor trascienden épocas y nos acompañan para mostrar con su luz su fuerza infinita.

Hasta nuestros días llega la historia de amor de Ignacio Agramonte y Amalia Simoni. Él, guerrero, fiel, hizo suya la ley para defender la libertad de Cuba, ella una joven camagüeyana de familia acomodada que mantuvo siempre ferviente patriotismo y ansias liberadoras para Cuba.

Aunque su relación encontró algunos obstáculos, como la oposición del padre de Amalia debido a que las riquezas materiales de Ignacio no se correspondían con la de la familia Simoni,  se conoce que en uno de los momentos  de tensión vividos por la joven ante la oposición paterna, llegó a expresar:

“No te daré, papá, el disgusto de casarme contra tu voluntad, pero si no con Ignacio, con ninguno lo haré.”

El matrimonio selló el anhelo de los jóvenes, pero prácticamente en su luna de miel, Ignacio marchó a la manigua redentora para luchar contra el colonialismo español.

Si durante el noviazgo el intercambio epistolar fue intenso, esta etapa de lucha, de separación, tuvo en esa vía, las cartas, las más hermosas confesiones de amor, la más excelsa muestra de lealtad y pasión.

En abril de 1871 escribió Ignacio a Amalia:

Ángel mío, Amalia idolatrada:

…¡Como lucha el corazón, bien mío, uno y otro día, en todos los momentos de la vida, con esa separación de las prendas que así adora! ¡Qué honda amargura encierra el pecho, porque no te veo, y vivo lejos de ti! Y sin embargo me siento dichoso cuando pienso en que me amas y que con frecuencia piensas en mí…”

Trasciende en el tiempo con una hermosa historia que lo sabe héroe y también hombre enamorado, cuya pasión por Amalia Simoni, su esposa  y por la libertad de Cuba, lo convirtieron en el más gallardo y pertinente defensor del amor y la independencia.

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