No más odio, busquemos el amor para este tiempo adverso

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El odio anda suelto, no se oculta, aparece cual cazador insomne para sembrar intrigas, ofender y manchar la quietud con su veneno. Una escena muy hostil se aprecia en las redes sociales y Cuba el blanco favorito.

A la par va en el mundo una pandemia sofocando la existencia. Familias enlutadas, dolor inmenso, tristeza por tanta muerte y en medio de esa realidad que sofoca a la mayor de las Antillas, un panorama que deja ver a las claras el peso de las guerras sostenidas por un virus malévolo, la Covid19 y otro no menos letal: el odio.

Cuba duele, duelen las carencias, duele la situación que enfrentamos, duelen las cifras de contagiados y fallecidos. Duele la ausencia de medicamentos, duele su aparición por la izquierda con precios inalcanzables, duele el bloqueo, que todavía muchos ignoran pero está ahí, acorralando, asfixiando, obstruyendo. Malditos gerundios que laten en este tiempo adverso.

Azuzar el odio nunca va a ser solución para problemas. Preocuparse por la situación de Cuba no se autentica con ofensas, amenazas y mucho menos con el aliento a una intervención. El odio jamás llevará por los mejores causes.

Entras a Facebook y la tristeza aparece al instante al saber de personas fallecidas, conocidas o no, pero arrebatas de la vida por la Covid. A la par encuentras frases sórdidas, de conocidos y desconocidos, pero frases que llegan como puñetazo, otras plenas de burlas, otras, ni mencionar…

El odio anda suelto, no se oculta, invade este tiempo adverso, sus gestores no precisan que también es pandemia y detenerla puede resultar la mejor estocada para salvar espacios donde pueda habitar plácidamente el amor.

Cuán necesario es despertar de esta pesadilla. Cuan necesario enfrentar este tiempo desde la comprensión y la armonía, desde el respeto y la unidad que permita multiplicar acciones frente a ese enemigo silencioso y depredador.

Hagamos de esta jornada y las que están por llegar un canto a la vida para que en algún momento cercano o lejano, puedan fructificar los abrazos que nos debemos, y si no fuera posible, al menos encontrarnos y alzar nuestras manos y decirnos a toda voz: Vencimos.

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