El desembarco por Duaba

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En Nicoya, Costa Rica, estaba el próspero asentamiento de los viejos combatientes de la Guerra Grande. El General Antonio era su administrador. El enclave en el litoral pacífico obedecía a una exigencia española a la nación tica, de tener alejados a aquellos temibles centauros de cualquier puerto atlántico que les sirviera de trampolín hasta el archipiélago.

El pedido hispano a las autoridades costarricenses, más bien parece inscribirse en el eficiente trabajo del espionaje contra los cubanos asentados en Centroamérica. Cualquier movimiento desde la colonia, sería rápidamente advertido y comunicado a las autoridades peninsulares en Cuba y en tierra firme, como efectivamente ocurrió.

Maceo tenía desde la épica de 1868 un reconocimiento que casi se transpone en leyenda. Su salida de Cuba en mayo de 1878, determinó prácticamente el cese de la resistencia mambisa. Y su ausencia de la Guerra Chiquita–por razones que requerirían otro trabajo—para muchos determinó la debacle de aquel proyecto.

La presencia del Titán en la nueva contienda cobraba una importancia capital. Era una idea compartida por amigos y enemigos. Las arcas del Partido Revolucionario Cubano, tenían disponibles solamente dos mil pesos para la eventual expedición desde Costa Rica.

Pero Maceo, tal vez acostumbrado ya a manejar determinadas sumas de dinero como directivo en Nicoya, o quizá dudando de la palabra de Martí, (o ambas cosas a la vez, quién sabe) empezó por exigir seis mil pesos. Luego bajó a cinco mil. Y de esa cifra, su reclamó no cambió más. Y Flor Crombet, como se sabe, envuelto en un duelo a muerte con Maceo para cuando concluyera la guerra, hizo saber que con dos mil pesos él era capaz de sacar a la gente y llevarla hasta Cuba.

La decisión de subordinar a Maceo en una expedición al mando de Flor no debió de ser fácil. La famosa carta de Martí al hombre de Baraguá, deja bien en claro que fue una concertación del Delegado del Partido Revolucionario Cubano con el General en Jefe del Ejército Libertador. Y en ella se aclaraba que Maceo asumiría el mando al tocar tierra cubana.

Aunque en los diarios de campaña del Maestro faltan algunos pliegos, presumiblemente arrancados por Máximo Gómez, el registro documental parece confirmar que Maceo jamás se lo perdonó Martí. En La Mejorana le dirá que ya lo quiere menos, le dispensa un trato áspero y polémico sobre el proyectado gobierno, y hasta le acusa de posible enredador. Al día siguiente se disculpará con una parada militar, pero la noche del domingo 5 de mayo, a lo mejor disgustado por la cercanía afectiva del Generalísimo y el Apóstol, pues los dejó a ambos prácticamente a la deriva.

La ruta de los patriotas desde Puerto Limón en Costa Rica hasta Cuba, aparece rigurosamente detallada en el libro La Expedición del Honor, del coronel de la reserva del Ministerio del Interior (MININT), Hugo Crombet Bravo, nieto del Mayor General Flor Crombet. En el estudio está el complicado trayecto por mar, los numerosos inconvenientes, el accidentado desembarco el primero de abril de 1895, la primera acción exitosa del grupo, la decisión de Maceo de no cortar los cables telegráficos para que se supiera su presencia, y la enorme movilización española en su contra.

El autor, por cierto, considera que en el orden militar se trata de la expedición más importante. Como se sabe, el levantamiento del 24 de febrero no logró ser la acción nacional que proyectó Martí. Y los escasos focos de rebeldía parecían languidecer ante la ausencia de los grandes jefes de la insurrección y la vigorosa reacción hispana.

No había buen tiempo en la zona escogida para el descenso a tierra. Fue necesario embarrancar la goleta Honor contra el accidente costero. Mucho se ha escrito sobre la muerte del capitán del bergantín. Unos creen que el hombre exigió dinero por la pérdida de la embarcación y que fue preciso ejecutarlo. Otros sostienen que fue un accidente. Es conocida la carta de Martí en idioma inglés, dirigida a las autoridades británicas, donde asegura que el deceso  se debió a un disparo no intencional de un arma que se estaba probando. Y precisaba que súbditos del Reino Unido, prisioneros en manos de España, eran testigos de lo ocurrido.

La llegada de Maceo, como era de esperar, lo cambió todo. Madrid ya había adelantado al mundo el fin inminente de los aislados disturbios acontecidos en Cuba. El primer choque casi a la vista de Baracoa, y la noticia de que era una operación dirigida por el Titán, trascendió entre los patriotas cubanos y tuvo hasta repercusión internacional. Pronto se contaban por miles los combatientes a sus órdenes.

En Duaba, dicen, se inició otra saga formidable que algunos historiadores comparan con la gloria púnica de Aníbal contra Roma de más de dos mil años atrás. Crombet Bravo, el nieto de Flor, asegura que la goleta Honor no transportó a muchas personas, ni mucho armamento, pero trajo al hombre que esperaba el pueblo de Cuba. La chispa del 24 de febrero cobraría desde entonces  dimensiones de incendio colosal por la independencia.

 

 

 

 

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