Nelson Camacho tocando el piano de Bola de Nieve en el restaurante Monseñor

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Fotos cortesía de Nelson Camacho

En el centro de esta isla, el primero de mayo de 1948, nació a quien la Premio Nacional de Música, doctora María Teresa Linares, catalogase como “uno de los mejores pianistas acompañantes de Cuba”.

Desde pequeño, Nelson Camacho tuvo inclinaciones y vocación por el piano. Más tarde, a los once años de edad, venció los prejuicios que se tenían en esa época con respecto a si los hombres debían o no estudiar el piano, y comenzó a educarse en ese instrumento en el Conservatorio Falcón en Santa Clara, su ciudad natal, con la profesora Zoila Benítez. Allí cursó los estudios reglamentarios de ese instrumento y después pasó a estudiar, en la Habana, con el insigne profesor César Pérez Sentenat, “maestro de maestros”, una de las grandes figuras de la pedagogía musical cubana.

Pero, ¿Cómo llega Nelson Camacho a La Habana?

Llegué a la Habana de la mano de Esther Borja porque en la época de los años 60 yo empecé a interesarme por la música cubana de concierto. En aquel tiempo los pianistas cubanos tenían muy olvidada la música cubana. Los pianistas que tenían ciertas facultades se dedicaban a la música clásica, como se le llamaba, la de los autores europeos: Chopin, Beethoven, entre otros, y los compositores cubanos eran muy poco tocados. Contados eran los pianistas de nuestro país que tocaban esa música. Además no eran bien vistos, cosa que yo nunca entendí y, sigo sin entender, más cuando tenemos autores maravillosos, que crearon música a la altura de los más destacados compositores europeos.

Por ello quise hacer una carrera teniendo en cuenta el repertorio nacional. Por supuesto, con Pérez Centenar estudié todos los clásicos, fueron nueve años a su lado, donde me preparé técnicamente, porque para poder abordar el repertorio cubano de concierto hay que tener una formación académica y con el maestro estudié a los grandes compositores europeos.

Decidí hacer mi carrera sobre la música cubana; eso me trajo problemas, ya que no era bien visto que un pianista con cierta y determinada formación y cualidades se dedicara a tocar la música cubana. Yo vencí esas dificultades, hoy en día el tiempo me ha dado la razón, porque los grandes pianistas cubanos están tocando esa música, además de la europea. Yo, sin embargo, he preferido mantener la línea de la música cubana principalmente y en algunos momentos abro el espectro interpretando piezas latinoamericanas. Siempre me gusta buscar en las raíces de la música popular para posteriormente llevarla al plano de la música de concierto.

¿Qué línea de trabajo prevalece en su quehacer pianístico?

Principalmente trabajo mucho la versión, mis versiones de temas latinoamericanos y de cubanos también, estos últimos recogidos en algunas grabaciones discográficas. Soy un ferviente admirador de la música del maestro Ernesto Lecuona. De este autor solo he versionado canciones que he llevado al piano, pero a la obra pianística de Lecuona no hay nada que hacerle, está muy bien hecha, muy bien escrita y como todos sabemos Lecuona es muy difícil, hay que saber cómo se toca a Lecuona, porque Chopin y Beethoven, nadie sabe cómo tocaban, pero los discos de Lecuona están ahí, están presentes, por lo tanto considero que es un riesgo y un reto interpretar a Lecuona.

¿Cuánto significó para usted haber trabajado durante aproximadamente 15 años con la cantante Esther Borja en el programa Álbum de Cuba?

Bueno, no solamente en el programa Álbum de Cuba, yo trabajé durante todo ese tiempo con Esther. Cuando la conocí, ya ella estaba en proceso de retiro, incluso ya le había llegado su jubilación, pero en esa época las autoridades del estado le habían pedido que mantuviera su trabajo con la música cubana y al conocerme entregó la chequera, que ya tenía en sus manos, y trabajamos durante casi 15 años más como bien dices. ¿Por qué? Porque después que Lecuona no estaba en Cuba, que era con quien ella hacía principalmente sus conciertos, y que otros pianistas que la acompañaban ya no vivían o los del momento estaban ocupados en otras cosas, no había encontrado con quien hacer el trabajo que desarrollaba con Lecuona. Al conocerme, pensó que podía hacerlo conmigo y, efectivamente, lo hicimos durante muchísimo tiempo; trabajé con ella hasta su último concierto, hasta su última presentación pública.

¿Qué recuerdos guarda de nuestra “Damisela encantadora”?

Bueno, guardo magníficos y maravillosos recuerdos. Esther fue una compañera de trabajo maravillosa, una amiga extraordinaria y una familia excepcional, porque me acogió como si fuera miembro de su familia, incluso me casé en su casa, acogió a mi esposa, es madrina de mi hija, por lo que podrás imaginar cuán importante es Esther en mi vida y en mi carrera artística.

Para poder hacer el trabajo que hicimos juntos, para poder opinar como lo he hecho sobre ella, es porque creo que Esther es un ser humano excepcional, una persona desprovista de envidias, de odios, sentimientos tan comunes en esta carrera artística. Yo, por ejemplo, cuando comencé a trabajar con ella tuve siempre mucho éxito a su lado. Yo no he sido pianista acompañante, yo solo he acompañado a Esther y a algunas figuras con las que en algún momento he querido hacer algún trabajo especial. Mi trabajo siempre ha sido como solista, eso ella siempre lo respetó y nuestros conciertos siempre fueron divididos a la mitad, una parte la hacía yo, al piano, como concertista y la otra la acompañaba al piano.

Hicimos un binomio, un dúo donde trabajábamos a la par. Como ser humano, quiero decirte que tiene un alto valor, porque como dije anteriormente, desde que me presenté con ella tuve mucho éxito, tal vez con otro artista ese éxito hubiera sido nocivo para la relación entre ambos, sobre todo por celos y se hubieran producido comentarios como: “pero, ¿cómo es posible que a este principiante lo aplaudan tanto como a mí?”, etc, etc. Y con Esther nunca sucedió esto, ella disfrutaba el éxito que yo tenía, lo incentivaba, porque trabajábamos ambos en función de hacer el arte, no de lucir ella por su cuenta, o yo por la mía. De no ser porque decidió dejar de cantar, hubiéramos trabajado muchísimo tiempo más juntos. A mí me cogió de sorpresa su último concierto, porque en pleno escenario dijo que esa era la última noche que iba a cantar, sorprendió al público y a mí también. Pero bueno, así hicimos nuestro trabajo en presentaciones en público y grabaciones de discos.

En su carrera discográfica sobresalen tres discos con Esther Borja. Hábleme de ellos.

Grabamos tres discos de larga duración con música de Lecuona. El primero se hizo en el año 1975 con el sello EGREM; fueron las primeras grabaciones con esta música que se hicieron aquí, pues había dificultad con los derechos de autor, sobre todo por parte de la familia del Maestro, que estaba en el extranjero, pero también había muchos tabúes con respecto a Lecuona. Nosotros hicimos tres discos y en el año 1995, se presentó en un disco compacto, un homenaje a Lecuona en su centenario, una recopilación de títulos incluidos en estas producciones que te mencioné.

Pero usted también grabó un disco con la soprano Lucy Provedo titulado “Lucy Provedo canta a Lecuona” que fue premiado en el Cubadisco 2009 y que contó con la producción musical del maestro Félix Guerrero.

Efectivamente, ese disco se grabó hace aproximadamente unos 20 años atrás, y lamentablemente solo vino a ver la luz en el 2008, después de unas gestiones que hizo la soprano Lucy Provedo.

Dentro de sus principales atractivos está la producción musical a cargo del fallecido director de orquesta Félix Guerreo, esposo de Lucy. Félix es un músico de una trascendencia importantísima en la música cubana, de un conocimiento lecuonístico increíble, fue orquestador y muy amigo de Lecuona. Desde la primera vez que me oyó, aun sin haber trabajado con Lucy, se impresionó mucho conmigo. Él me decía que yo tenía un “touché” muy especial, muy parecido al de Ernesto. Me alabó mucho, incluso guardo un escrito que me dedicó donde plasma cosas muy bonitas sobre mí. Eso lo agradezco mucho, porque él era un hombre muy parco, no era del tipo de personas que se deshacía en elogios y en atenciones a la gente, era muy exacto y recio en sus criterios, para dar una opinión sobre un artista tenía que ser que le saliera de verdad.

Como él me admiraba y yo lo admiraba a él y Lucy yo teníamos amistad, al ellos unir sus vidas, hicimos una buena química. Siempre vio con muy buenos ojos que trabajáramos juntos y llegamos a grabar el disco “Lucy Provedo canta a Lecuona”, que como te comenté, solo vio la luz veinte años después de grabado.

Mi participación en el disco fue idea de Félix, porque según tengo entendido la idea era que Lucy hiciera ese disco con orquesta, pero Félix conocedor de Lecuona dijo: “bueno a mí me gustaría que en vez de hacerlo con la orquesta sinfónica, se haga con piano, y nadie mejor que Nelson Camacho para hacer ese trabajo”. Él era un buen conocedor de mi trabajo con Esther Borja, y esto favoreció su decisión.

Con el disco “Joyas de la canción cubana” usted obtuvo el Premio EGREM en el año 1993, ¿Qué me puede decir acerca de esto?

Es un disco que yo hice dedicado a Esther Borja porque ya ella no cantaba, pero quise regalarle en interpretación pianística algunas de las canciones que hacíamos juntos. Hice canciones cubanas en versiones para el piano, como Noche azul, Perla Marina, Longina, La tarde, y otras de Sindo Gary, Sánchez de Fuentes, que resisten perfectamente un tratamiento porque están hechas por verdaderos músicos. Ese es un disco de triste recordación.

¿Por qué de triste recordación?

Es un disco de triste recordación porque en 1993 gracias a esta producción se me entregó el Premio Egrem, en una categoría que se llamó música popular de concierto. El premio consistía en grabar ese disco, pero jamás se reprodujo para el mercado. Es una lástima porque me hubiera gustado que saliera a la luz pública. Esther llegó a escucharlo por una copia que le mostré. Ha pasado bastante tiempo de esto, pero yo todavía sigo esperando por ese disco, con paciencia.

 

¿Cuándo y cómo empieza a trabajar en el restaurante Monseñor?

Bueno, yo comencé a trabajar en el Monseñor en el año 1988, eso fue una idea de la Oficina de Asuntos Históricos del Comité Central. El Capitán René Pacheco Silva, ya fallecido, era el director de esta oficina y al mismo tiempo la mano derecha de Celia Sánchez. Celia fue la primera que quiso que el Monseñor tuviera una persona que pudiera mantener el trabajo de anfitrión como lo hizo Bola. Pasaron, antes que yo, algunos pianistas y grupos musicales, pero hubo un momento en que el restaurante cayó en un gran hueco desde el punto de vista artístico. René Pacheco un buen día se me presenta en mi casa y me dice: “Nelson por qué no te haces cargo del Monseñor como anfitrión. Celia hubiera querido que hicieras ese trabajo”. En realidad eso ya me lo habían dicho antes, pero yo no le había hecho caso, pues no era de mi interés hacer restaurante.

En aquellos momentos yo era mucho más joven. Mi mundo era más bien el escenario, la televisión, no me veía tocando un piano en un restaurant. Pero realmente Monseñor tiene otras características, tiene un escenario de concierto, un piano de cola, con una iluminación. El piano cobra su protagonismo. El piano en Monseñor es un pretexto para ir a comer y escuchar ese instrumento. Fue mi esposa quién me hizo analizar esos detalles y me incentivó a acceder a esa invitación. Y el catorce de febrero de 1988, aparecí por primera vez tocando el piano del Monseñor. Desde entonces y hasta la fecha me he mantenido de forma ininterrumpida en el Monseñor, convirtiéndome en la imagen artística del mismo.

¿Qué significa para Nelson Camacho tocar el piano de Bola de Nieve?

Bola solo estuvo ocho años en Monseñor, pero lo marcó con su presencia y con su arte. Mi trabajo lo he podido hacer allí, porque antes estuvo un Bola, de no ser así, no estaría yo en ese trabajo, porque, a pesar de las características que distinguen al Monseñor, a mí no me gusta hacer restaurante.

Yo he dicho muchas veces que Bola me dio permiso para tocar su piano, pero después que me dio permiso, no me dejó ir más, porque ahí llevo veinticuatro años. Significa algo muy bonito porque era su piano, donde se sentaba noche a noche. Lo he tratado de mantener siempre, con las condiciones que debe tener; es un piano viejo, pero es un gran piano y en lo particular me gusta que siga sonando el piano del Bola en el Monseñor.

En el año 2008 sale al mercado del disco el fonograma “·No dejes que te olvide”, bajo el sello discográfico Colibrí. ¿Cómo surge la idea de realizar esta producción?

Eso fue una idea mía, era una deuda que yo tenía con Bola, porque yo toco el repertorio de Bola en versión para el piano. Muchos me han dicho que por qué yo no canto, y aunque yo canto un poquito, no lo hago profesionalmente. Yo respeto mucho el canto y lo que me propuse fue cantar a través de mi piano y realicé este trabajo homenaje a Bola de Nieve pensando en su centenario. Entonces la disquera Colibrí, gracias a Abel Acosta, expresidente del Instituto Cubano de la Música, decidió grabar este fonograma. Digo que gracias a Abel porque él fue quien hizo todas las gestiones, incluso fue un extraplán porque no estaba previsto en el plan del año, pero el resultado ha sido muy bueno.

El fonograma se llama No dejes que te olvide e incluye piezas como: Si me pudieras querer, Vete de mí, El manisero, entre otras hasta llegar a catorce. Tiene una selección variada, creo que verdaderamente ha gustado y es un homenaje por el centenario del natalicio de tan destacada figura de la canción cubana.

De Santa Clara, de La Habana, de toda Cuba, es Nelson Camacho. Su arte ha transitado a lo largo y ancho de la isla y ha cruzado con éxito las fronteras de su patria. El talento de este Maestro, se perpetúa en cada entrega que siempre regala a quienes gustan de su arte. Hoy, más que nunca, estoy convencido de cuán perdurable es el sonido de su virtud.

Nelson CamachoEsther Borja y Nelson Camacho

 

 

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