La Asociación Hermanos Saíz (AHS) confiere colores, sentires y conceptos.  El universo cultural cubano definitivamente cambió por el influjo de estos 27 años donde conviven juntos creación, audacia, inquietud, combate y compromiso.

Aquella idea inicial, mantenida por vital y útil, de promover al arte joven, no queda en la propuesta digna de ser contemplada.  Todo se transformó: cayeron tabúes y prejuicios, se validaron escuelas y tendencias, y el mester se hizo invariablemente más libre.

Nació la AHS en la década de los años ochenta, en que el denominado “socialismo real” del este europeo moría sin remedio.  El famoso boom plástico de entonces devino anunciación de una nueva ola que levantó un hogar de discurso multidisciplinario con los nombres de Luis y Sergio Saíz.

Hace bien la Asociación Hermanos Saíz en reconocer a los Maestros de Juventudes, pero en justo honor a la verdad, con los muchachos de la AHS también todos hemos aprendido, no solo en conceptualizaciones y en aires de renovación, sino además en una cultura del diálogo, o mejor todavía, de la polémica.

Igualmente, existe una cultura de la irreverencia. Si hace 27 años se hablaba de tolerancia, hoy, tras largas e intensas jornadas de discusiones, de ser tantas veces incomprendidos y hasta inmerecidamente castigados, se asume mejor la idea del respeto a las singularidades. La inevitable inconformidad de los jóvenes creadores, deja un saldo revelador: lo que hace un cuarto de siglo parecía satánico y desacralizador, terminó siendo un instrumental compartible y además necesario.

La Asociación Hermanos Saíz es 27 años después, pertenencia y hasta nostalgia en cualquier lugar de Cuba por muy remoto que sea, de cualquier tiempo: de los ochenta, de ahora, del porvenir.

 

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