La llegada de Colón a Cuba: el estado del tiempo

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El almirante Cristóbal Colón divisó las costas cubanas la noche del 27 de octubre de 1492. Aún se discute si fue por Bariay o por Puerto Padre. En las bitácoras se apunta que llovía torrencialmente. Como el primer viaje fue en plena temporada ciclónica, resulta lógico que muchos especulen sobre la posibilidad del paso de un evento de esa naturaleza por el Oriente cubano hace 528 años.

El profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe asegura que todo lo que viene de épocas lejanas, siempre tiene un componente de incertidumbre, pero que aquella lluvia de la noche del 27 de octubre de 1492 más parece de un frente frío. El autor vuelve una y otra vez al Diario de Navegación del Almirante, transcripto por el Padre las Casas, donde no se describe el viento intenso, destructor, con efectos severos de un huracán.

En tal caso –afirma—la nao Santa María y las carabelas La Niña y La Pinta, habrían parado al fondo del mar y la historia fuera otra. “En Meteorología, el dato numérico de instrumentos es imprescindible –reitera—y resulta imposible tener los registros de aquella noche”. Pero hay una evidencia fuerte: la noche del martes 30 de octubre, Colón anduvo barloventeando, es decir, dirigiéndose en la dirección que el viento sopla, halló un cabo que salía mar afuera y no pudo –con palabras del navegante—encabalgarlo, doblar el cabo, porque el viento se había tirado todo del norte.

Para este historiador de la meteorología cubana, ahí se relatan las condiciones de un frente frío. Colón debió regresar a Río de Mares (para unos Gibara, para otros Manatí), porque sus naves estuvieron a punto de ser lanzadas contra la costa por un viento que de repente sopló del norte. Es el ciclo de un frente frío –sostiene—el viento comienza del sur, pasa al oeste, va al noroeste, al norte, al norte-nordeste, y después al nordeste.

El autor significa que Colón viene de latitudes donde son frecuentes los regímenes de invierno, y describe de esa manera el fenómeno de aquellos días de octubre de 1492 por las costas del Oriente cubano. A menudo se alude a aquella alerta de Colón en 1502, en otro de sus viajes por estas tierras, de que la flota española no saliera de Santo Domingo ante un ciclón inminente.

El profesor Luis Enrique Ramos Guadalupe cree que el Almirante intuyó una tormenta, sin saber ciertamente qué era un huracán. El consejo de Colón no fue escuchado, y los navíos naufragaron. ¿Tenía el hombre habilidades de observación para diferenciar eventos meteorológicos, al menos de manera empírica? Es posible.

El Diario de Navegación (aunque sea copia de copias, y en tercera persona) confiere páginas para la disquisición historiográfica. El destacado historiador y profesor de la meteorología cubana, confirma igualmente su valor documental para saber las condiciones del tiempo de aquella noche lluviosa, el posible frente frío del 27 de octubre de 1492, cuando Cristóbal Colón llegó a las costas de la tierra más hermosa que ojos humanos vieron.

 

 

 

 

 

 

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