Frank País en el altar más hermoso de la honra

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Bien vale el monumento a la memoria del héroe, pero la trascendencia no puede ser de piedra. Duros días aquellos para Frank País, donde el poema al hermano muerto parece el non plus ultra de la tristeza. No había, en cambio, otra alternativa que seguir, y el enemigo lo sabía. Tremendo aquel mes de julio, en el que la cacería contra el joven combatiente clandestino, buscaba algún gesto temerario o desesperado suyo por la pérdida terrible.

Martí escribió en el Presidio Político en Cuba sobre las lágrimas de los mártires que suben en vapores hasta el cielo. ¿Cómo negar que aquel muchacho de acendrada fuerza de espíritu, cultivada además en la fe en los evangelios, en la Pasión de Jesús, y en el destino de sus apóstoles, no haya llorado amargamente en un duelo sin descanso ni sitio fijo para disipar la pena?

Debe de haber sido plomiza la tarde del 30 de julio de 1957, que cambiaría la suerte para siempre de una ciudad usualmente bulliciosa y alegre, hasta en los capítulos más comprometidos y difíciles. De un rapto, el cerco contra Frank País se cerró, y él, como el héroe clásico jamás perdió el aliento, ni la calma, ni la sangre fría.

Los detalles del crimen son demasiado conocidos. Y para medir la naturaleza abominable de los enemigos históricos de la nación cubana, los asesinos de Frank País no solamente recibieron el amparo de las distintas administraciones norteamericanas, sino que en la febril guerra simbólica de nuestros días, se intenta vindicar al sátrapa Batista y se culpa del crimen a los propios compañeros del joven.

La tradicional festividad de Santiago de Cuba se toma desde entonces un descanso cada 30 de julio. No es posible remontar la melancolía que la fecha significa en el recuerdo para millones de hermanos. Es como un dolor congénito, que pasa irremediablemente de generación en generación, para que el homenaje sea costumbre, contenido identitario de su pueblo.

Al nacer Frank País el 7 de diciembre de 1944, su propio padre habló de una premonición de grandeza en el hijo por la coincidencia con la fecha de la caída del Titán. La muerte del Jefe de Acción y Sabotaje del Movimiento 26 de Julio, reúne la bitácora de gesta de Cuba, para significar el Día de los Mártires de la Revolución. El monumento constituye un hecho indispensable, pero como escribió Martí, los cuerpos de los mártires son el altar más hermoso de la honra.

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