Entre lo evidente y lo invisible anda el detalle

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Una frase un tanto contagiosa circula en nuestros días entre las expresiones de oradores, en grupos de conversación ocasional y a veces hasta se cree que roza la consigna y entonces llega el temor de que pase de moda sin consecuencia alguna.

Pero sin dudas la “Cultura del detalle” razonablemente enarbolada por el presidente cubano es una preocupación y una necesidad demandada por muchos en no pocas esferas de la vida en el país, con matices diferentes en dependencia de las tradiciones de cada lugar.

Lo digo porque esa cultura exigida hoy como justa necesidad se manifiesta de modos diferentes en cada territorio, pero debe ser componente insustituible de la vida de la sociedad en general y funcionar como  ley natural en todas partes,donde debió crecer junto a la formación del individuo, capaz de hacerla evidente en los hábitos de su conducta.

Larga sería la lista si quisiéramos enumerar las ocasiones en que echamos de menos los detalles. El trato a las personas en cualesquiera de los servicios como cliente o como paciente; trabajador subordinado, como usuario de las vías, pasajero o turista, en fin todo aquello en que siempre deben tenerse en cuenta  para satisfacer al individuo.

Cierto que es que la carencia de detalles tiene efectos diferentes según sea el caso, pues no es igual, por ejemplo, la molestia causada por quien te atiende de manera descuidada mientras pagas la cuenta telefónica que el camarero o dependiente de productos alimenticios que te sirve incumpliendo las normas de higiene personal o del servicio en cuestión. Ambos maltratos causan malas sensaciones, pero diferentes.

En el campo de la cultura y el espectáculo en el entorno local encontraríamos también mucho que mejorar, digamos ética entre quienes organizan los espectáculos, trato con el público hasta la calidad de la gastronomía que se ofrece en ocasiones a los artistas invitados.

El sector constructivo es otro en que el detalle deja muchos espacios vacios que se hacen más perceptibles porque están a la vista pública y las personas ven aparecer las llamadas “chapucerías” desde el surgimiento con el trabajo descuidado de ciertas brigadas contratadas precisamente sin analizar todos los detalles necesarios.

A menudo se encuentran obras supuestamente finalizadas, sin los detalles de terminación no se tuvieron en cuenta y los remates de las esquinas o la pintura no tiene la cobertura necesaria.

No se puede perder de vista que siempre habrá un descuido detrás de cada caso, ya sea por falta de talento, por terquedad, desobediencia y sobre todo por la falta de control y supervisión, por irresponsabilidad de quienes tienen la obligación de comprobar la calidad,teniendo presente que entre lo bien y lo mal hecho, entre lo evidente y lo invisible anda el detalle que no debemos olvidar.

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