Pensar en Fidel, es comprender que pocos son los hombres que trascienden lo efímero de la existencia humana y regresan inmortales, multiplicados en millones, alimentando la esperanza desde lo infinito. Pensar en Fidel es entender el sacrificio por los demás, vislumbrar una vida de entrega y devoción hacia la patria grande.

Un día sufrió por su Isla esclava, ultrajada por traidores, vendida por monedas a un Imperio que sorbía cual vampiro de su sangre. Alzó su brazo heredero de Maceo, desplegó su ingenio y aglutinó el valor de muchos héroes. Desde la sierra socavó la injusticia e inició un proceso nuevo … » de los humildes y para los humildes”.

Pensar en Fidel, es saber que renace en cada niño, es sentir recorre este caimán suyo, impregnando su fuerza por doquier. Pensar en Fidel es entender que su presencia es eterna y que su nombre es un himno de lucha. Pensar en Fidel es verlo, seguirlo, amarlo, honrarlo; más que recordarlo.

Comandante de las mil batallas, revolucionario invicto, eterno rebelde, gigante de la montaña; cuántos calificativos para aquel hombre de barba espesa y figura esbelta. Aquel que un día nos enseñó la luz de la libertad. Fidel es viento, es mar; Fidel es azúcar de caña, tabaco, Palma real, Fidel es sonrisa y lágrima, confianza y victoria, lluvia y Sol; Fidel es Cuba.

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