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San José de las Lajas ya es escenario de la XXII edición de la Feria Internacional del Libro, jornada que se extenderá hasta el venidero 3 de marzo.

Sin lugar a dudas, hablo del acontecimiento cultural más importante de toda Cuba que promueve e incentiva el hábito de la lectura.

Llega este día antecedido por la gestión organizativa, por la suma de voluntades de los gestores de esta cita, que distingue a Cuba por llevar a llanos y montañas una hermosa misión que alienta a mayor conocimiento, estimula el encuentro con la literatura y todo ello favorece la cultura individual.

Como es tradicional, la noticia ha corrido de barrio en barrio, apta para todas las edades, con la sana complicidad que solo instan las buenas acciones, máxime cuando en ellas descansa la pasión, el desvelo y los retos de los autores que esta vez presentan sus obras.

También porque constituye un reencuentro con los libros que uno ama, esos que a pesar de los años permanecen alojados en la memoria, que testifican etapas de nuestras vidas, porque despertaron el apetito del saber, nos dejaron señales para no olvidar o sencillamente constituyeron esa sabia compañía que nunca espero más de nosotros que el recuerdo.

Comienza la feria hoy, la expectativa se viste de largo, siempre se espera más, siempre se quiere más, pero por encima de cualquier vaticinio, está desde ya la luz de esta cita en tierra mayabequense, en la que niños, jóvenes, adultos y aquellos que andan por cualquier edad que sobrepasa la tercera, encontrarán en estos días una muy oportuna opción y una sabia elección para acentuar el amor por la lectura.

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