¿Y después del segundo domingo de mayo qué?

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Aunque cada segundo domingo de mayo en Cuba y diversas partes del mundo se rinde homenaje a las madres, el reconocimiento es válido todos los días del año. Son ellas fortaleza en la familia y la sociedad.

Es esa una condición a la que aspiran la mayoría de las mujeres, y desde los primeros años de vida, cuando una niña juega, primero es mamá, después maestra, médico, artista…

Las madres en Cuba multiplican sus destrezas para llevar casi al unísono su maternidad, el trabajo (en caso de ser trabajadora), quehaceres del hogar, la educación de los hijos, la atención a los adultos mayores si conviven con ellos y cuantas responsabilidades se suman en la cotidianeidad.

Si bien, las escuelas en tiempos de normalidad realizan las reuniones de padres para dar cuentas de la evolución de los educandos, quienes más asisten son las madres.

En ellas está el desvelo que no cesa y aún cuando los años han marcado la adultez de sus hijos, ellas siguen al tanto de sus particularidades, de sus éxitos, de los desaciertos y siempre están prestas a dar un consejo y hasta tomar cartas en el asunto de turno si necesario fuera.

En este tiempo adverso, signado por la villanía de la Covid19, le ha tocado a las madres sacar el extra. Quienes tienen hijos pequeños se han convertido en maestras para afianzar cuanto se transmite en las teleclases pero también han tenido que convertirse en maga para rediseñar su tiempo y el de sus descendientes para llevar de la mejor manera el distanciamiento social.

Están también las que en primera fila de combate, empinan sus sueños y anudan conocimientos para desterrar al virus que tanto dolor causa a la humanidad. Son esas madres, que regularmente ya no pueden ver a sus hijos todos los días, porque el deber y su vocación humanista las sabe consagradas por el bien de todos.

Aunque en nuestro país y en diversas partes del mundo cada segundo domingo de mayo se celebre el Día de las Madres, el reconocimiento a ellas es válido cualquier día. El mejor homenaje es corresponder a su inmensidad con la disciplina, el respeto, con la delicadeza misma que las distinga como personas venerables.

Puede ser martes o jueves, de enero o agosto, de cualquier día de un año, o mejor, todos los días del año, los elegidos para tributar honores a quien nos dio la vida.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

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