Una marcha, su historia y el presente (+Audio)

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Fue en julio del año 1987 que conocí personalmente a Agustín Díaz Cartaya. Artemisa celebraría el acto conmemorativo por la Gesta del Moncada y previo a ese acontecimiento hubo recorridos por aquella ciudad y encuentros con participantes en los sucesos del 26 de julio de 1953.
Principiante en el Periodismo, me descubrí ante un hombre devenido historia, escucharle resultó una vivencia inolvidable. Cartaya, una persona sencilla, de hablar pausado y a la vez muy jovial, evocaba aquella epopeya con emotividad, su pensamiento volaba al pasado con la certeza de no dejar ni un solo detalle.
Vi brillo en sus ojos al narrar como concibió la Marcha de la Libertad, que se convertiría en la Marcha del 26 de julio. Tenía las notas pero no la letra, Fidel le había pedido que la escribiera y lo hizo antes del tiempo previsto.
Todos permanecíamos atentos ante aquel hombre que traía al presente pasajes de la historia. En su decir también asomaba la tristeza por los compañeros que murieron y su mirada, aunque intentaban abrazar el infinito no podían ocultar que el dolor estaba latente.
Relató que en el presidio Modelo, de la otrora Isla de Pinos, (hoy Isla de la Juventud) donde estaban recluidos los asaltantes al Moncada cantaron a toda voz la Marcha del 26 de julio y aseveró que sus notas también estremecieron en las vistas del juicio por los hechos del Moncada.
Diversas generaciones de cubanos han entonado la Marcha del 26 de julio. Su autor, Agustín Díaz Cartaya, inscribió en la historia de Cuba, sus convicciones, su amor a la patria y la fe en la victoria.

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