Pepe Sánchez: maestro de trovadores

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La obra de Pepe Sánchez resulta un legado con fuente en las armónicas del alma y en las vibraciones del justo centro del corazón. Murió hace 105 años como vivió, a causa de una angina de pecho, en el mismo sitio donde (al decir del poeta) rompe la crecida. Y a su memoria, por supuesto que de manera multiplicada, la trova transpone en festival y en tantos proyectos a aquella costumbre de Pepe Sánchez de reunir compositores, cantores y estudiosos, en peñas y en serenatas.

Usualmente se afirma que el hombre fue el creador del bolero latinoamericano y caribeño. En realidad se trata de algo más revolucionario y renovador: le confirió un contenido otro a una palabra que ya existía para definir a un género. La Revolución Francesa, por ejemplo, le concibió una interpretación nueva a la palabra democracia. Pepe Sánchez hizo algo parecido en el universo sonoro de su patria, al fijar la estructura del bolero tal cual lo conocemos, lo sentimos y lo investigamos por esta parte del mundo. Constituye una historia iniciada con la pieza Me entristeces, mujer., que musicólogos y musicógrafos la titulan sencillamente Tristeza.

La existencia de Pepe Sánchez pertenece desde hace ya mucho tiempo a la disquisición atenta a la dinámica cambiante de la trova, fundamentalmente en el foro teórico del renombrado festival anual en Santiago de Cuba. La saga de este hombre se encuentra en libros y en ponencias, donde el ya fallecido periodista y Premio Nacional de Radio (2007) Lino Betancourt Molina, ocupa un sitio destacado. Por cierto, recuerdo una investigación suya donde se le consignaba a Pepe Sánchez otra fecha y otro lugar de nacimiento en las afueras de Santiago, adonde habría ido la madre ante un brote de cólera en la ciudad. Según el propio Betancourt Molina, Pepe Sánchez sería hijo de madre soltera, y llevaba el apellido del abuelo materno.

La sensibilidad del maestro de los trovadores, fallecido hace exactamente 105 años, parece radicar igualmente la virtud del descubrimiento. A menudo se afirma que fue él quien puso por primera vez una guitarra en las manos de Sindo Garay. Cuentan que cultivó la amistad de muchos mambises, y que a uno de ellos, Guillermón Moncada, le compuso un bolero. También aparece en su bitácora personal un himno dedicado a Antonio Maceo.

Llegar a la vida de Pepe Sánchez confirma esa historia de música que funda pueblo y nación, que le canta a sus sueños, dolores, alegrías y esperanzas, que tiene puentes de fraternidad para una inmensa familia de un lado y del otro del mar.

 

 

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