Palabras a los intelectuales: reflexiones que reviven

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Las palabras de Fidel a los intelectuales, expresadas el 30 de junio de 1961 renacen hoy en la nación cubana como para indicar que todavía las ideas de hace seis décadas mantienen intacto su valor a pesar de la distancia en el tiempo, porque la esencia de las causas siguen presente.

Es eso lo que sucede cuando a 60 años de pronunciado el discurso de Fidel a los intelectuales en la Biblioteca Nacional como culminación de tres intensas jornadas de reunión con artistas y escritores para debatir las inquietudes de ese gremio en aquella época.

Cierto es que ya no está físicamente el líder histórico de los cubanos de estos tiempos, acostumbrado siempre al diálogo directo con su pueblo también adaptado a escucharle con atención cuanto fuera necesario.

Cierto es que los nuevos tiempos reservan aún para este pueblo indómito situaciones muy similares a las de aquellos primeros años tras el triunfo de 1959 y las reflexiones vuelven a adquirir importancia ante el escenario actual, donde otra vez los actores intelectuales del arte y la cultura tienen ante sí la misma alternativa seis décadas después: dentro de la Revolución, todo; contra la Revolución, nada.

En aquella época los intelectuales y artistas  se enfrentaban al brusco cambio que sacudió la simiente de lo habitual en la sociopolítica de la región y puso en jaque la tranquilidad de quienes deploraban la idea de un sistema diferente a la tradición capitalista.

Por esa razón la incertidumbre llenó de dudas el pensamiento y evidenció las diferencias  expresadas  en debates y especulaciones teóricas sobre los días por venir.

Pero el carácter de Fidel no daba lugar a dudas y por eso apareció aquel día para esclarecer la incertidumbre de quienes no veían con acierto el futuro en el  nuevo escenario.

Sus palabras certeras dejaron en claro que no se trataba de ser revolucionario a toda costa, ni de ver frenado por decreto el talento intelectual, se trataba de dar al intelecto una conducta nueva con valores diferentes al lado de la Revolución.

Se argumentó la idea de que nadie tenía el derecho de ir contra la Revolución porque esta  tiene bien ganado su derecho a existir como tal y contra ese derecho no había otro.

Tras 60 años de aquella sentencia en Cuba las condiciones de los artistas,  escritores e intelectuales cambiaron radicalmente para bien, pues mucho hizo la Revolución en ese campo y grandes han sido los avances y los logros del arte y la cultura de todo el pueblo.

Al  cabo de ese tiempo reaparecen situaciones nuevas en ese escenario distinto y lógicamente los intelectuales tienen como siempre mucho que discutir con ideas diferentes para sostener el desarrollo de su labor portadora de  cultura, para una sociedad que se propone un rumbo justo para la satisfacción a todos por igual.

Para los intelectuales aparecen hoy nuevos retos y entre ellos la necesidad de ratificar con su conducta la convicción como fuerza portadora de ideas revolucionarias en beneficio de la nación dentro del proyecto que el país lleva adelante.

Para ello es necesario, otra vez, poner claridad donde haya dudas y dar espacio a la necesaria discusión, para no acumular insatisfacciones y como decía Fidel en sus palabras, admitir la crítica con fines constructivos donde sea preciso.

Lo que no tendrá cabida entre los intelectuales verdaderos, sean revolucionarios o no, son las ideas facturadas desde otras latitudes adversarias,  inyectadas con la espina de la discordia y el dinero en franca actividad comercial disfrazada de sanas intenciones inadmisibles. Esas, por el contrario,  reviven la razón para estar de acuerdo con el líder al decir que: dentro de la Revolución todo, contra la Revolución nada.

 

 

 

 

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