Los maestros que necesitamos en las aulas

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Mi padre siempre me comentaba de su maestra. Recodaba con nitidez las enseñanzas de aquella mujer, recta, sabia, pero a la vez comprensiva que inculcó a sus discípulos el amor a la patria, a sus próceres y enfatizó en las normas de educación, ya sembradas en el hogar.

Por las series televisivas Entrega y Calendario apreciamos a maestros de los que todos los estudiantes desean tener en sus aulas, y los hay, son esos que pasan los años y quienes fueron sus alumnos le recuerdan con cariño y respeto, como es el caso de los maestros inolvidables Angélica Valido, Orbita o el Nano, aquí en San José de las Lajas.

Soy de las que con frecuencia recurre a la obra de José Martí, como alumna que acude a una lección imprescindible para esclarecer el camino y es que en la obra toda del más universal de los cubanos, está presente la enseñanza, y en varios de sus artículos podemos encontrar su visión sobre la educación y acerca de los maestros.

Para José Martí la educación se dirige a la esfera de los sentimientos, es decir, de lo afectivo, por lo que establece la diferencia entre educación e instrucción. Para él la instrucción se dirige al pensamiento. Desde esa apreciación aboga por unir la instrucción a la educación en una relación de plenitud dialéctica: sentimiento – pensamiento.

El artículo titulado José Martí y su labor como pedagogo, expresa: Para Martí la figura del maestro debía ser vista por todos como la persona que emite un mensaje educativo y de contenido crítico. De igual forma precisa que el maestro debe saber para quién habla y lograr emocionar, pero sin perder la razón, trasmitiendo lo que es útil elegir en un sentido creador. Se preocupaba además porque el maestro mostrase sentimiento en el lenguaje, para que pudiera mover la conciencia de los estudiantes y que esos se incorporasen de forma activa a las acciones de su ambiente escolar y del entorno social en general (…)

De eso se trata, de regresar a quien se adelantó a su época, es preciso nutrirse de las mejores experiencias, para que los maestros, sean esas personas especiales que dejen una huella imborrable en los educandos.

La originalidad, la búsqueda constante de hacer más novedoso cada encuentro, la preparación óptima, son elementales a la hora de desempeñarse en el magisterio. Los maestros que necesitamos en las aulas, son esos que iluminan y desde su luz cultivan valores y crecen a la par de sus alumnos porque la virtud hermana y fortalece el alma.

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