Las sólidas raíces del árbol familiar

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Los abuelos son esas raíces sólidas de cada árbol familiar que oxigenan a hijos, nietos y bisnietos cual tronco, ramas, flores y frutos. Estos antecesores son personas especiales que en el podio de premiaciones alcanzan plata en los cabellos y oro en el corazón. Y es que cada cana acumulada con el paso del tiempo atesora historia, sabiduría y mezcla de rudeza y fragilidad.

Esa dermis adornada con pliegues como el más fino y frágil de los tejidos muestra el sudor de cada jornada, los desvelos en la formación de los hijos, las sobrecargas en el trabajo, los desafíos de la vida, las alegrías y tristezas.

Los pasos adormecidos arrebataron la inquietud de aquellos días en que una inmensa maratón era la más sencilla de las prácticas.

Ya todo el físico abrió una ventana hacia la tercera edad,  rica en experiencia y satisfacción por los años vividos.

Esos emprendedores que fueron y aún son faro de luz para anclar en destinos seguros hoy fungen también de pegamento ideal para mantener unidas a las familias.

Los que tomamos sus manos sentimos el regocijo de tenerlos, de contar con sus lecciones de vida y su amor inquebrantable. Incluso para quienes aún no saben pronunciar la palabra abuela y abuelo su significado es tan grande como su afinidad y ternura con ellos.

La tercera edad tiene nuevos grises en el paisaje al igual que arcoíris de colores para matizar cada fuerte tormenta, cada naufragio.

Devolver a los abuelos tanta riqueza espiritual, cariño y aprendizaje debe ser como respirar para bisnietos, nietos e hijos que tienen la obligación de mantener humedad en esas sólidas raíces del árbol de la vida.

 

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