Las calles, las nuestras, al latir de cada día

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La calle, testigo, cómplice, está siempre presta a recibirnos. Sobre ella el andar de todos, sobre ella también historias que colman la vida. Las calles de San José de las Lajas, algunas con nombres, otras con números, son libros abiertos en cuyas páginas está el latir de cada día.

Algunas, unas cuantas, marcadas por el paso de los años, por la llamada auxiliadora de reparaciones que aniquilen todo aquello que les resta acomodo, a ellas y a quienes a diario la transitan pero, esas son nuestras calles.

Hace solo unos días, esas calles, algunas, sintieron sobre sí el andar ligero de unos y otros, esta vez diferente, tal vez la desesperanza, tal vez la soberbia, tal vez  el responder a quien insta, empuja y seduce. Muchos tal veces para nuestras calles…

Pero ahí están, fuertes a pesar del tiempo, testigos de días difíciles, de encuentros, de historia, de amores. Ahora también sobre ellas difaman, algunos por supuesto. Las voces corren desde lo lejos, blasfeman de su tranquilidad, las aparejan con disturbios pero, ahí están ellas, silenciosas y serenas, testigos, cómplices de las historias cotidianas que saben de pesares, y altruismo, de hombres y mujeres soles.

Ahí están nuestras calles,  recibiendo desde el amanecer a todos, los que deciden por el bien, por construir, también a los que optan por otras rutas, pero ellas serenas, ávidas de mejores tiempos

“La felicidad no es una cuestión de intensidad, sino de equilibrio, orden, ritmo y armonía”. Eso lo dijo el escritor católico y místico estadounidense Thomas Merton.

Nuestras calles, desde la quietud, inscriben también en este tiempo adverso la resistencia, la osadía y la solemnidad. Respetarlas y amarlas, cuidarlas y dejar en ellas las mejores acciones las harán protagonistas del bien

“Poner todo en equilibrio es bueno, poner todo en armonía es mejor”, dijo el poeta, dramaturgo y novelista romántico francés, Víctor Hugo y he ahí la responsabilidad que clama de todos porque las calles, siempre estarán prestas a dar hospedaje a la historia, esa que lleva nuestra esencia.

 

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