La honda sigue en las manos de David

0
530

Hace exactamente cinco años, fue titular en todos los medios de comunicación y agencias cablegráficas del mundo que Estados Unidos y Cuba restablecían sus relaciones diplomáticas.

El hecho conmovió a cubanos de allá y de acá que en varias ocasiones sienten la añoranza de un abrazo. Pero el acontecimiento era mucho más complejo que el acercamiento familiar entre los miles de compatriotas separados por 90 millas.

Tal vez ese suceso era el primer paso para una eventual normalización de las relaciones entre dos países que a pesar de estar tan cerca geográficamente; están tan lejos en su visión del mundo.

En aquel entonces, John Kerry, quien fungía como el secretario de Estado,  de los Estados Unidos bajo la administración de Barack Obama, aseguró: “Hemos tenido una conversación muy constructiva. Es la primera visita al Departamento de Estado de un diplomático cubano desde 1958. Es un día histórico, un día para remover obstáculos. Estamos decididos a vivir como buenos vecinos sobre la base del respeto mutuo y queremos que todos nuestros ciudadanos en Estados Unidos y en Cuba miren hacia el futuro”. Y agregó también:   “Los intereses de ambos países se cumplen mucho más trabajando juntos que siendo extraños. La reapertura de las relaciones beneficiarán a Cuba y a EEUU.”

Fue entonces cuando el 20 de julio del 2015, en la casa de estilo neoclásico,  ubicada en el número 2630 en el barrio de Adams Morgan de Washington, DC la bandera  de la estrella solitaria fue izada en medio de aplausos y exclamaciones.

¡Cuba, Cuba, Cuba! ¡Fidel, Fidel! se escuchaban una y otra vez  mientras el canciller cubano elevaba nuestro símbolo nacional. En esa ocasión Bruno Rodríguez Parrilla, nuestro Ministro de Relaciones Exteriores significó que “Hemos llegado aquí por Fidel Castro, a cuyas ideas siempre guardaremos lealtad suprema. Recordamos su presencia en esta ciudad en abril de 1959 para promover relaciones bilaterales justas”. “Desde esta embajada fortaleceremos las relaciones culturales, académicas, económicas y deportivas entre nuestras naciones”.

Con la elección de Donald Trump, se instauró  una administración irracional y absurda que satisface a los terroristas de Miami y recrudece el bloqueo impuesto por Estados Unidos a Cuba.  Tal insensatez favoreció que en este año, el 30 de abril, un sujeto disparó con un arma de fuego contra el edificio de la misión diplomática cubana.

Sin lugar a dudas, aquella idea de fortalecer lazos en el orden cultural, docente, económico y deportivo entre ambas naciones, se aleja en el horizonte.

Cada vez más se recrudecen las sanciones unilaterales de Estados Unidos contra Cuba que repercuten en la Agenda 2030 y en sus Objetivos de Desarrollo Sostenible. Incluso se estima que en el último año, el bloqueo provocó una pérdida a Cuba valorada en más de cuatro mil  millones de dólares y  Washington activó el Título tres  de la Ley Helms-Burton que posibilita al país norteño a emprender acciones legales contra empresas que operen con  la Mayor de las Antillas.

A pesar de las provocaciones,  y al cabo de cinco años, permanece en la memoria el suceso extraordinario que ilusionó a cubanos de un lado y del otro del estrecho de la Florida.

Amén de odios, infamias, y oprobios contra nuestra Patria, cada mañana se iza la bandera cubana en la sede diplomática de los Estados Unidos. El patriotismo está muy lejos de agotarse. Orgulloso de su epopeya, el archipiélago rebelde no se rinde. La honda sigue en las manos de David.

 

 

 

5/5 - (2 votos)

DEJA UNA RESPUESTA

Comentario
Nombre