Kaliema «acarició» el podio del judo olímpico

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Tomado de JIT

Tokio.- GANAR una medalla es el principal objetivo, pero no el único que da satisfacción a un atleta. Un quinto lugar tan peleado, como el que acaba de ganar la cubana Kaliema Antomarchi en el judo de los Juegos Olímpicos que se celebran en esta ciudad, pudiera ser uno de esos tantos ejemplos.

La antillana era una de las mujeres con palmarés menos encumbrados en la división de los 78 kilogramos. El bronce mundial en 2017 y el oro en el Gran Slam de Brasilia 2019 aparecián como sus premios más notables antes de este jueves tejiera una nueva historia en el Nippon Budokan.

Se presentó sin temores ante la líder del ranking mundial, la francesa Madeleine Malonga, y la reina del orbe, la alemana Anna-Maria Wagner. Es cierto que perdió ambos combates, pero su ímpetu dejó la mejor de las sensaciones.

«En realidad estos juegos han sido un poco complejos… la situación de la covid y los pocos combates de preparación que logramos, y llegar aquí y estar combatiendo con las mejores del mundo, llegar incluso a varios Golden Score y ganar algunos me deja muy satisfecha de mi actuación», reconoció tras sus desempeños, que puden considerarse entre los mejores de su vida.

Kaliema, que a sus 33 años es debutante olímpica, quedó libre en la primera ronda. Luego derrotó –Regla de Oro– a la croata Karla Prodan, y ya en cuartos de final tuvo la primera de sus pruebas: la francesa Madeleine Malonga.

«Llegue ahí con una sola visión, ganar ese combate. No me importaban los títulos ni nada, yo solo iba por la victoria y di lo mejor, aunque el final no pudo ser», dice ahora con mucha más tranquilidad, pues esa fue una derrota que le dejó llorando de impotencia.

Más tarde, en la repesca, se impuso por ippon en otra Regla de Oro, a la neerlandesa Guusje Steenhuis en uno de los combates más extensos de todo el certamen (8:01 minutos). Su oponente había sido varias veces medallista de Europa y bronce del orbe de hace unas semanas.

En la discusión de la medalla nuevamente empleó su arsenal, intentó “entrar” con varias técnicas, llevó la iniciativa más de una vez. «Con la alemana siempre había tenido combates muy difíciles, en la última gira me ganó en apenas unos segundos y por eso hoy estoy muy contenta porque di un buen combate y me siento orgullosa de mí», confiesa.

La santiaguera se reconoce inconforme, no quiere poner fin a su carrera tras un torneo del que se va sin premios. Adelanta que llegará al menos hasta próximos los Juegos Centroamericanos y luego decidirá qué camino tomará.

Agradecida con todos los que le apoyaron en cada instante, los que estuvieron junto a ella en el equipo y la familia y amigos desde la distancia, dijo adió a Tokio. Kaliema no fue medallista, pero puede disfrutar con orgullo de su quinto lugar.

Tampoco quiere pensar ahora en las razones porque las que no estuvo antes en unos juegos olímpicos y repite que hoy es un buen día, mas no el mejor de su carrera: «El mejor resultado es el bronce mundial, porque me hizo llegar hasta aquí. Cuando pensé rendirme y dejarlo todo, eso me dio fuerzas».

El judo cierra este viernes con las actuaciones de Idalys Ortiz (+78 kg) y Andy Granda (+100). En ellos, especialmente en Idalys, descansa la responsabilidad de llevar una medalla para la Isla.

Como detalle a tener en cuenta, Idalys es medallista olímpica desde Beijing 2008, cuando ganó el bronce. Cuatro años después fue campeona en Londres y se quedó con la plata en Río de Janeiro 2016. De llegar a la final esta vez, superaría en calidad los cuatro metales de Driulis González (1-1-3).

Y otra estadística a seguir: ganar una medalla mañana en la despedida mantendría al judo como aportador consecutivos de premios para Cuba desde Montreal 1976 cuando se coronó Héctor Rodríguez.

Medallero de la división 78 kilogramos de mujeres: Oro: Shori Hamada (Japón), plata: Madeleine Malonga (Francia) y bronces: Anna-Maria Wagner (Alemania) y Mayra Aguiar (Brasil).

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