Juan Delgado, el hombre de la carga brillante en la finca Purísima Concepción

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Aún era teniente coronel Juan Delgado González cuando escribió la página que tanto renombre le daría en la historia de Cuba: el rescate de los cadáveres del Lugarteniente General Antonio Maceo Grajales y su ayudante Francisco Gómez Toro (Panchito, el hijo del Generalísimo). En los libros se consigna un reclamo para que lo siguiera quien tuviera valor. En algún lugar escribí cierta vez que se trata de un eufemismo del texto que no tolera frases más duras.

Bueno, yo mismo no pudiera repetir ahora lo que Juan Delgado González dijo cuando tantos hombres duros, lloraban y abandonaban el escenario del combate ante la inesperada caída del Titán aquel aciago lunes siete de diciembre de 1896.

El entonces Teniente Coronel exclamó algo así como: “El que sea cubano, que se sienta patriota, y que tenga co….. (no voy a completar la palabrota) que me siga”. Unos dicen que fueron 14, otros que 18, pero lo siguieron internándose en las filas enemigas, para que los cadáveres del hombre de Baraguá y del querido hijo de Máximo Gómez no cayeran en manos del enemigo. Aquella acción evitó el ultraje a la manera de Weyler, y el probable desplome momentáneo de la causa independentista.

Que no lo dude nadie: Juan Delgado González dio aquel día la carga salvadora de la Revolución. Y logró desinformar brillantemente a los servicios secretos del integrismo, y con un pariente suyo hizo el Pacto del Silencio para que nadie supiera dónde estaban enterrados los cuerpos. Solamente debía de informarse al Generalísimo y al presidente de la república que se constituyera tras la independencia.

Juan Delgado González no se contó jamás a sí mismo como parte de esa historia, como si presintiera su propia muerte, como desgraciadamente ocurrió en abril de 1898. Y el lugar escogido por él, El Cacahual, trascenderá por los siglos como el descanso eterno del Titán y de Panchito. La naturaleza sacra de aquellos parajes de Cuba está en la decisión misma del jefe del rescate.

Había nacido Juan Delgado González en la finca El Bosque, del barrio Beltrán, en Bejucal, el 27 de diciembre de 1868. Curiosamente, ese propio día, Carlos Manuel de Céspedes firmaba en el Bayamo insurgente, capital de la Revolución, un decreto que establecía de forma gradual e indemnizada la abolición de la esclavitud. Juan Delgado González, el hombre de la carga brillante en la finca Purísima Concepción, del barrio San Pedro, Punta Brava, llevará siempre como distancia la edad de la llama por la independencia de la Patria.

 

 

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