El problema es el capitalismo y no el clima

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Coinciden dos cónclaves mundiales que se concentran en el debate sobre el calentamiento global, la COP 26 en Glasgow, Escocia y el G20 en Roma, Italia.
La preocupación común es el clima, en un marco de crisis económica evidente, con desigualdad social creciente, precios en alza preocupante y el deterioro ambiental derivado de la emisión de gases de efecto invernadero producido por la forma de producción contemporánea.
El impacto sobre el ambiente es un problema acelerado desde tiempos de la Revolución Industrial (1750), agigantada luego de la segunda posguerra (1945) y de manera descontrolada en las últimas tres décadas (1990-2021; la forma capitalista de producción conlleva estos resultados.
Un resumido y didáctico análisis nos presenta Michael Roberts en su blog, graficando las estadísticas de las responsabilidades en la emisión de CO2, con China a la cabeza en la actualidad y EEUU lejos, en el acumulado histórico del desarrollo capitalista.
El autor británico señala que China “es el mayor emisor de CO2 del mundo” desde su lugar de país con mayor población en el planeta y fabricante exportador del mundo y que: “Las emisiones acumuladas en la atmósfera en los últimos 100 años provienen de los ricos anteriormente industrializados y ahora consumidores de energía del Norte”.
Destaca además que EEUU es responsable de acumular la emisión del 20% del total mundial. China ocupa un segundo lugar relativamente distante, con un 11%, seguida de Rusia (7%), Brasil (5%) e Indonesia (4%). En esa estadística aparece Argentina en el 14° lugar.
El tema es importante y en el blog del FMI se puede leer un análisis relativo al tema y América Latina y el Caribe. En el texto señalan que: “Las emisiones netas de gases de efecto invernadero (GEI) de la región concuerdan con su tamaño económico y población, alrededor del 8 por ciento del total mundial
Pueden utilizarse otras fuentes informativas y queda claro que no se puede ocultar la catástrofe que amenaza a la humanidad y los estados nacionales y sus articulaciones globales transitan de cumbres en cumbres para definir compromisos que no cumplen.
El resultado es alarmante al punto que el Secretario General de Naciones Unidas sostiene que: “Si no se actúa con determinación, nos estamos jugando nuestra última oportunidad, literalmente, de cambiar el rumbo de las cosas”.
El cometario apunta tanto hacia el poder de las transnacionales petroleras y gasíferas, de la alimentación y la biotecnología, entre muchas otras, como a la discusión sobre las políticas de los Estados nación y los organismos mundiales relativos al para qué, cómo y cuánta energía y producción, orientada a que necesidades satisfacer.
Son comentarios extensivos hacia la alimentación y, por ende, más pensamiento y acción en satisfacer demandas sociales y derechos a la alimentación y a la energía que estimular mercados, precisamente en un momento donde el alza de precios se concentra en ambas producciones estratégicas para la reproducción de la cotidianeidad social y natural.
La solución provendrá más de las luchas y resistencias populares, especialmente de formas alternativas de producción y reproducción socioeconómica que, de decisiones públicas de los Estados Capitalistas, en cumbres como las del G20 en donde se proponen discutir sobre las desigualdades y el aceleramiento de la recuperación económica; ambas cuestiones son resultado de la forma capitalista de organización de la sociedad.

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