El maestro, el creador

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Aquel 22 de diciembre de 1961, en la voz del líder amado, Cuba proclamaba ante el mundo que era ya territorio libre de analfabetismo. Poco más de un año antes, lo había anunciado en su famoso y distendido discurso en la Asamblea General de la Organización de las Naciones Unidas. La Revolución triunfante daba el paso más importante para solucionar el problema de la enseñanza, denunciado por Fidel en su alegato de autodefensa La Historia me Absolverá.

Nació de esa manera una fecha ciertamente significativa en la saga de la escuela pedagógica cubana, por donde transita un buen número de razones de identidad para millones de hermanos. La palabra de José de la Luz y Caballero, por ejemplo, acontece en el tiempo con alientocasi bíblico: Tengamos al magisterio y Cuba será nuestra. En ese proceso de instruir y de sensibilizar, en la inacabable tarea de construir seres humanos, él encontró una fuente de patria.

En la escuela radica la mejor inspiración histórica de lo cubano. Tal vez por eso, a la vera misma de cada epopeya fundadora de la nación, al lado de cualquier capítulo de heroísmo, está la huella indeleble del maestro. Y nos correspondió en suerte una bitácora de pensamiento irrepetible, donde además de Luz están su propio tío José Agustín y el Padre Félix Varela.Todo es simbólico en la existencia del presbítero Varela: reclamó una insurgencia desde el deber de instruir, y habló de la prioridad de pensar primero. Y para seguir siendo una escuela ecuménica, reposa en el mejor templo posible: en un aula, que no es otra que el Aula Magna de la Universidad de La Habana.

Y para explicarnos el calado profundo, intenso y hermoso del Evangelio cubano, habría que volver una y otra vez a Rafael María de Mendive. Martí nació se sabe aquel 28 de enero de 1853. Pero el Apóstol vino al mundo por el claustro de Mendive. De su mano se concibió al poeta, al patriota, y la humanidad inconmensurable de quien, remontando límites de siglos, sigue siendo la más hermosa y útil razón humana de lucha y de reencuentro.

Cuba expone así nombres que le confieren un lugar preponderante en la historia de la pedagogía del mundo, y en el propio universo filosófico. Y en cada página de gesta, aparece inevitablemente la escuela como espacio de crecimiento. Julio Antonio Mella, sería reconocido como el maestro por una generación encargada a principios del pasado siglo del denominado renacer de la conciencia nacional. Y junto al Partido del combate, a la perenne FEU de la congregación, está la Universidad Popular José Martí, donde el taller se transpuso en aula, en la responsabilidad del trabajo que se cultiva a sí mismo.

Y en esta obra social y humana que inspiró y fundó Fidel, se inscribió la Campaña de Alfabetización, tal vez el suceso cultural más importante de la historia de Cuba, el magnífico ejemplo de democratización de la enseñanza. El enemigo imperialista sabía que aquellos cuantos de luz a millones de seres definían la auténtica fuerza del proyecto revolucionario. Los testaferros del gobierno de los Estados Unidos pretendieron apagarla. La tarea tuvo sus mártires.

Vivimos así otra gesta, que por la memoria del Comandante, por la responsabilidad con Cuba, estamos obligados a continuarla a pesar de tantos retrocesos en la lectura, y hasta como dicende la propia inteligencia. Este 22 de diciembre nos reencuentra en todo caso con toda la memoria afectiva por la escuela, por ese compromiso en el alma del país, con el misterio de Cuba que Lezama descubrió en Martí, que lo hizo maestro, que es hacerlo creador.

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