El Granma: Aurora de la Liberación

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Las raíces de la expedición del yate Granma, se encuentran en la propia historia de Cuba. Con algo similar soñó Mella para cargar contra la dictadura machadista.

En mayo de 1935, Antonio Guiteras Holmes cayó en desigual combate en El Morrillo, cuando esperaba el barco que lo llevaría a México para ultimar su plan insurreccional.

Los preparativos en la hermana nación pusieron en dura prueba la voluntad de Fidel y los suyos. Como él mismo admitió en más de una ocasión, aquella tarea violaba técnicamente las leyes mexicanas.

Un oficial de la República Española nacido en Cuba, Alberto Bayo, colaboró con el grupo en el entrenamiento. La Policía Federal detectó la actividad y arrestó a varios compañeros.

Entre los detenidos estaba el Che, ya con una sólida formación marxista. Transcurría el mes de julio de 1956. Hacía solamente unos meses, que en su Discurso Secreto (que, como se sabe, no fue tan secreto), Nikita Jruschov había condenado el culto a la personalidad de Stalin. Y en el interrogatorio de la policía mexicana, el Che se enzarzó en una polémica sobre los errores del hombre del Kremlin en la construcción del socialismo en la Unión Soviética.

Alguna que otra vez, Fidel habló sobre la campaña de la prensa mexicana en torno a un presunto ataque del comunismo internacional, para destruir la democracia en las Américas.  Con la mediación del general Lázaro Cárdenas, los jóvenes cubanos fueron liberados, pero el médico argentino aún permanecía detenido. El Che le propuso a Fidel que salieran sin él hacia Cuba, que él se incorporaría más tarde. “Yo no te abandono”, fue la respuesta del líder de la Revolución.

Pero estaba en pie la promesa de que “En 1956 seremos libres o mártires”. El tropiezo comprometió al proyecto en el orden táctico, pero también supuso una complicación moral. Los pocos recursos adquiridos sencillamente se perdieron.

Y ahí estaba el peligro real del desaliento. A Fidel no le quedó otra alternativa que transigir y pasar, lo que él mismo definió, “una amarga experiencia”: aceptar la ayuda ofrecida por el ex presidente Carlos Prío Socarrás.

Desde la Ortodoxia, en la cercanía de Eduardo Chibás, el joven líder revolucionario fue un verdadero látigo para la administración auténtica de Prío. En los días previos al golpe del 10 de marzo de 1952, Fidel promovió una contundente denuncia contra la corrupción y los desmanes de aquel gobierno.

Luego entonces, fue una decisión difícil pero necesaria, aquella entrevista de septiembre de 1956 en la habitación 21 del hotel Royal Palm, en la ciudad texana de McAllen, adonde Fidel llegó cruzando a nado el Río Bravo. Como se sabe, la Secretaría de Gobernación de México le había retenido el pasaporte.

Con la colaboración de Antonio del Conde (El Cuate), se le compró el yate a la empresa Schuylkill Products Company Inc, matriculado en el puerto de Tuxpan. Y en una carrera contra el tiempo y contra la acción del espionaje batistiano, el Granma partió de aquel sitio en las primeras horas de la madrugada del 25 de noviembre de 1956.

Llovía y estaba prohibida la navegación por el río. El barco debió de salir subrepticiamente, con las luces apagadas, para burlar la vigilancia de la marina mexicana. La salida del río al mar abierto se cobró con fuertes vientos y golpes de ola, que marearon a la mayoría de los expedicionarios.

El libro Pasajes de la Guerra Revolucionaria del Che, constituye un testimonio excepcional de la embarazosa travesía de 82 hombres y la necesaria carga en una pequeña nave de recreo, diseñada tal vez para 10 personas, a lo sumo unas 15.

Y para mayor complicación, por un error de cálculo, el viaje se prolongó dos días más. Fue por eso que no se logró la simultaneidad del desembarco con el levantamiento de la ciudad de Santiago de Cuba el 30 de noviembre.

En la desesperación por no avistar el faro de Cabo Cruz, desde lo alto de la cabina de mando del Granma, el combatiente Roberto Roque sufrió un traspié y cayó al agua. Fidel ordenó detener la marcha y rescatarlo a toda costa.

Usualmente se afirma que arribaron por la playa Las Coloradas. En algunos textos se menciona a Belic. El punto exacto fue por Los Cayuelos. El desembarco fue detectado por una lancha de cabotaje y por un barco arenero. Comenzaba ya el acoso del ejército de la dictadura.

El destacamento revolucionario tuvo tres días después su bautizo de fuego en Alegría de Pío, un durísimo revés que costó muchas vidas. Unos cayeron en el combate. Otros serían asesinados. Algunos guardaron prisión hasta el triunfo revolucionario.

Una veintena de expedicionarios logró romper el cerco y crear el núcleo fundacional del Ejército Rebelde. El 2 de diciembre se considera el día de la constitución de las Fuerzas Armadas Revolucionarias. La llegada del Granma supone la aurora de la liberación definitiva.

 

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