El Día Internacional de la Juventud

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La actual amenaza contra la humanidad está muy lejos de disiparse. Bajo el exergo. El compromiso de la juventud para una acción mundial”, se anuncia la ya acostumbrada celebración del 12 de agosto. Los cuantos de energía, de entusiasmo, hasta de percepción romántica de la dinámica planetaria, aparecen obrando por la salvación del sueño de la edad, en la defensa consagrada por los más vulnerables.

Tiene tal vez Cuba las mejores razones para celebrar. En la cruenta batalla contra el enemigo invisible, en las peores circunstancias derivadas del cerco imperial, los jóvenes cubanos asumen la responsabilidad de esta coyuntura ciertamente histórica. Vuelve a confirmarse que aquí, como en ningún otro sitio del mundo, el capital humano resulta la mayor garantía de futuro.

El país no renuncia a un proyecto social, que al margen de errores, de lunares y de sombras, se alimenta de ideas jóvenes como reclama la prédica del Apóstol. En hermoso simbolismo, la jornada acontece en el preludio del día de Fidel. Sorprende todavía aquella epopeya triunfante el primero de enero de 1959, que encumbró a tantos muchachos a tareas de altísima responsabilidad.

Y es que las revoluciones más radicales fueron esencialmente jóvenes. Ahora reparo en los 35 años de Robespierre al hacerse efectivamente del poder. O los 34 del desafortunado Danton. Los 47 años de Lenin al triunfar la Revolución bolchevique, no eran ciertamente tantos. Trotsky cumplía 38 el propio día de la acción, y Stalin estaba por cumplirlos.

En Cuba, la Generación del Centenario fue al Moncada con un promedio inferior. Fidel tenía solamente 26 años. Él mismo se encargó luego de denotar coincidencias del número 26 en su vida: nació en el año 26 del siglo XX, un día 13, la mitad de 26. Batista dio el golpe de estado en el 52, el doble de 26. Y el Movimiento tomó el nombre de 26 de Julio. Habría que añadir otras: fueron 26 las empresas norteamericanas nacionalizadas, aquel día en que momentáneamente perdió la voz. En Salmos 26 se cuenta del hombre incapaz de sentarse al lado de los injustos, y en Hechos 26 el Apóstol Pablo asume su propia defensa ante Agripa.

Sí, en esa edad se hallarían sin falta el crecimiento, el desarrollo, la actividad y la viveza de la imaginación y el ímpetu de las que escribió Martí. El cabello largo y la barba confieren una imagen de mayoría de edad. El Che asumió el cargo de presidente del banco con 31 años. Raúl se convirtió en Ministro de las Fuerzas Armadas Revolucionarias con 28. Camilo era ya el jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde con solamente 27. (Y si recordamos su condición de alumno de escultura en la academia San Alejandro, El Señor de la Vanguardia hasta tiene aval suficiente para integrar el famoso Club de los 27.)

Claro que en la víspera de la fecha de Fidel hay suficientes razones para festejar el Día Internacional de la Juventud. En esta obra social y humana a su imagen y semejanza, con todas las insuficiencias que se quieran señalar, hay un protagonismo permanente del estamento joven dispuesto a crear y a levantar, como quiso el Apóstol.

Tal vez sea Cuba el mejor escenario donde los estudiantes constituyen el baluarte de la Libertad, y donde la idea del trabajo encarna las ideas de la belleza, del milagro, de la dignidad, de la honradez y de la ilustración. En un texto publicado en Patria en 1892, curiosamente un 13 de agosto, Martí consignó: Lucha es la vida, y no hay que rehuirla. Sólo los que se saben sacrificar, llegan a la vejez con salud y hermosura.

Desde ese monumento de amor y de justicia, desde Fidel y por Fidel, el eterno Comandante en Jefe, puede concebirse la mejor significación del Día Internacional de la Juventud, en este minuto dramático para el mundo entero. Lo confirma la cotidianidad cubana, de jóvenes que cultivan la raíz de donde vinieron, descubriendo desde la palabra amada del Maestro el dulcísimo placer de respetarla y de cuidarla.

 

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