De lo más glorioso de nuestra historia

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No solamente guarda valores simbólicos la extraordinaria protesta de Maceo y otros tantos patriotas del Oriente cubano, dispuestos a proseguir la lucha. Habría que considerarle sus derivaciones en el orden práctico. Aunque en el Zanjón se formalizó la rendición de las armas cubanas tras diez años de cruenta guerra, es menester recordar que se trató de un convenio. Es decir, España se vio obligada a pactar  a pesar de la debacle mambisa. Y Baraguá lo transformó todo en ese final. Mucha razón les asiste a los historiadores que denotan esa transposición de derrota en tregua. Y tras romperse el corojo, hubo más combates y hasta conmovedoras definiciones.

El gesto del Titán sigue siendo inmensamente grande a la luz del patriotismo, pero el acto resulta mayor si se tiene en cuenta que el héroe enfrenta en el plano de ideas y palabras a un general hispano, no solo competente en el orden militar, sino igualmente en los asuntos políticos. Arsenio Martínez Campos es un hombre probado en campañas capitales de su tiempo en España, como también en tareas complicadas como estadista. La corona peninsular no lo seleccionó por gusto para encarar la contienda de ultramar, que ya empezaba a comprometerle “el último soldado y la última peseta”. Y aquel 15 de marzo de 1878 brilló el genio de Antonio Maceo, el general de 33 años, a pesar de que la iconografía suele pintarlo con más edad.

No tendría mérito si hubiera confrontado con un adversario de poca monta. Y para ser justos, habría que reconocerle mucho valor a ese Capitán General que se arriesga a entrar en territorio enemigo, confiando en la palabra de los insurrectos tan calumniados por la misma propaganda integrista. No fue cierta la información recibida por Maceo de un plan magnicida para asesinar a Martínez Campos, que provocó la célebre carta del Titán a Flor Crombet. De eso supo luego el jefe español y le extendió el agradecimiento al héroe cubano.

La historiografía hispana suele recordar que el Capitán General enemigo compareció a la conferencia con oficiales solteros, debidamente informados del riesgo, para evitar mayores traumas familiares en caso de un desenlace inesperado.

Pero en el campo independentista, la histórica Protesta de Baraguá, hasta remontó diferencias y malentendidos. El hombre de Lagunas de Varona y de Santa Rita, el Mayor General Vicente García González, selló suertes con un abrazo a Maceo, y fue aclamado General en Jefe de los ejércitos cubanos.

Allí se proclamó presidente de la República en Armas al General Titá Calvar, que según la historiografía, chocó alguna vez con el propio General García por problemas de mando. Y se redactó una nueva Constitución, de un articulado breve, tal vez mejor adaptada para las necesidades de la guerra, pero de vida efímera. Y es que aún quedan muchas aristas expeditas de la Protesta de Baraguá, que según las palabras del Apóstol, es de lo más glorioso de nuestra historia.

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