Abel, aquel joven intrépido

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Sabe la historia de Cuba de hombres y mujeres soles que escribieron páginas de honor, lealtad y firmeza; entre ellos está Abel Santamaría Cuadrado, un joven revolucionario, devenido asaltante al Moncada el 26 de julio de 1953.
Él era el Segundo al Mando del Movimiento Revolucionario, había llegado a ese cargo por su capacidad organizativa, sus dotes de mando y fidelidad a toda prueba.
Abriga la historia que en la ciudad de Santiago de Cuba para el asalto al Cuartel Moncada, en su intento por preservar la vida de Fidel reclamó el lugar de mayor peligro en el ataque.
Fidel le ordenó a Abel la toma del Hospital Civil Saturnino Lora, donde según lo planificado no se combatiría; tal era la intención de ambos de preservar la vida del otro.
Poco antes de partir desde la granjita Siboney, Abel habló a sus compañeros desde la mayor firmeza: “Es necesario que todos vayamos con fe en el triunfo; pero si el destino es adverso estamos obligados a ser valientes en la derrota, porque lo que pasó allí se sabrá algún día y nuestra disposición de morir por la Patria será imitada por todos los jóvenes de Cuba”.
Al fallar el intento de tomar la segunda fortaleza militar del país, Abel decidió junto a sus hombres seguir disparando, para distraer a los soldados de la tiranía y así proteger la retirada de Fidel y sus compañeros.
Abel resultó capturado, torturado y vilmente asesinado. Su muerte fue un duro golpe para el Movimiento Revolucionario. Su personalidad había calado entre los combatientes, una mezcla de generosidad e intrepidez hacía de él un hombre merecedor de respeto y admiración.
Han transcurrido 68 años de aquella hazaña y recurre a nuestros días aquel joven valeroso que amó profundamente a su patria por la que dio la vida. Como dijo el más universal de los cubanos; nuestro José Martí: “La muerte no es verdad cuando se ha cumplido bien la obra de la vida”

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