Una misiva que inmortaliza su presencia

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No existe manera mejor para recordar a Ernesto Che Guevara que evocando su pensamiento, precedido siempre por su ejemplo, norte para muchas naciones del mundo que han conquistado su libertad y para otras que se mantienen en pie de guerra.

Para concretar esta máxima dijo adiós a sus hijos en marzo de 1965, antes de partir a cumplir misión internacionalista a Bolivia, no sin dedicarles una carta, devenida legado de su pensamiento: “Su padre ha sido un hombre que actúa como piensa y, seguro, ha sido leal a sus convicciones”.

A Hildita, Aleidita, Camilo, Celia y Ernesto iban dirigidas aquellas breves pero profundas líneas que han trascendido de generación en generación y que subrayan los valores que para él resultaban imperecederos al ser humano: “Crezcan como buenos revolucionarios”.

Solo muchos años después sus hijos entendieron la verdadera repercusión de sus palabras y de quién era ciertamente Ernesto Che Guevara, su padre, el hombre de la boina guerrillera, el de la estrella que aún alumbra las naciones de América Latina.

“La revolución no se lleva en los labios para vivir de ella, se lleva en el corazón para morir por ella”. Esa fue siempre su meta y tras consolidarla en Cuba, restaba mantenerla, una labor mucho más compleja y que requería de hombres y mujeres cultos y preparados: “Estudien mucho para poder dominar la técnica que permite dominar la naturaleza”.

Acuérdense que la Revolución es lo importante, señaló una vez más, y había errores que no tenían cabida en la epopeya gloriosa de la Revolución Cubana y uno de ellos era la desunión: “cada uno de nosotros, solo, no vale nada”.

Si de algo estaba convencido Ernesto Che Guevara, era de que al enemigo solo se podría vencer unidos, y para ello resultaba imprescindible sumar personas en defensa de un bien común, sin reparar en origen, color de piel, país: “Sobre todo, sean siempre capaces de sentir en lo más hondo cualquier injusticia cometida contra cualquiera en cualquier parte del mundo. Es la cualidad más linda de un revolucionario”.

Aunque aquella histórica misiva tenía como destinatarios a sus hijos, los ideales del Guerrillero Heroico se mantienen vigentes en el hombre nuevo, ese que es responsable hoy de cristalizar los ideales impresos en unas pocas pero profundas líneas.

 

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