Un yate cargado de valor y esperanzas

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Quiso la historia que el dos de diciembre se inscribiera para siempre entre las páginas más gloriosas. Ese día un yate cargado de valor y esperanzas arribó a las costas de Cuba para emprender el camino hacia la libertad.

Tras aquel desembarco en medio de condiciones muy difíciles, los expedicionarios vencieron los grandes obstáculos para crear un destacamento guerrillero que luego se convertiría en el glorioso Ejército Rebelde.

Todo comenzó mucho antes, en México, donde los expedicionarios entrenaron con ahínco en el manejo de las armas y apertrecharon de esas razones que pueden más, aún desde el fondo de una cueva. Y zarparon de Tuxpan, ocultos en la noche y el silencio, como debían hacerse algunas cosas para que pudieran lograrse.

Los que sobrevivieron al desembarco continuaron rumbo a la Sierra Maestra, crecieron con todos para vencer la gran ofensiva enemiga y avanzaron hacia el llano hasta llegar a La Habana, tras años de lucha contra un ejército muy superior en número de hombres y armas.

Triunfaba así el ejército de pueblo, ese que integran hombres y mujeres; obreros, campesinos, jóvenes y hombres de todas las edades; negros, blancos y mestizos; ese que constituye un poderoso escudo en la defensa de las conquistas de la Revolución.

 

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