Un poema a la esposa de Mendive

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Hasta tanto se pruebe lo contrario, el primer poema de José Martí en letra impresa fue “A Micaela Nin”. Apareció publicado en el periódico El Álbum, de Guanabacoa. La singularísima relación del prócer cubano con la Villa de Pepe Antonio, ocupará siempre la atención de la historiografía, pero en el oficio de la búsqueda aparece frecuentemente como un latido la pregunta: ¿De ser cierto eso, quién fue entonces el primer editor del Apóstol?

Recuerdo que sobre el tema, el investigador y profesor Salvador Bueno siempre expresó sus dudas. Decía que antes de los versos a Micaela Nin, ya Martí había escrito otros y que probablemente se los hubieran publicado en alguna parte. El hombre que llevó a la imprenta aquella composición lírica del adolescente José Martí, fue el poeta y periodista Manuel Nápoles Fajardo quien, como evidencian sus apellidos, era hermano del bardo Juan Cristóbal, El Cucalambé.

Como el Cantor de Rufina, Manuel Nápoles Fajardo nació en Las Tunas. Allí le reconocen entre los fundadores de la prensa local y ser el autor del primer libro de la comarca, Flores del Alma, que apareció un día aún sin precisar de agosto de 1860, es decir, hace exactamente 162 años. A manera de homenaje, por cierto, su pseudónimo literario, Sanlope, un anagrama del apellido Nápoles, es el nombre de la editorial de la ciudad balcón oriental.

Hace más de 30 años, el poeta, periodista y ensayista Carlos Tamayo Rodríguez extendió una investigación a la búsqueda en torno al presunto primer editor de Martí. Él mismo reconoció luego que el reclamo se perdió en el tiempo.

Según su criterio, el poemario Flores del Alma no debió de ser el aval suficiente para que Manuel Nápoles Fajardo se ganara un lugar en el Liceo Artístico Literario de Guanabacoa, como suelen recoger las escasas referencias sobre él. En algunas aparece que era el de La Habana, y jamás se ha precisado si perteneció a los dos, o si se trata de un error.

Sobre el posible editor primero del Maestro, se registra que en 1868 emigró al Norte donde murió. La historiadora de Santiago de Cuba, Olga Portuondo Zúñiga, defensora de la teoría de El Cucalambé ladrón y prófugo de la justicia, considera posible que Manuel Nápoles Fajardo fuera su cómplice y protector en los Estados Unidos. Pero eso sería altamente improbable por dos razones: la primera, la desaparición de El Cucalambé y el aludido viaje de su hermano a los Estados Unidos no coinciden en el tiempo. Y la segunda, fue que en un tomo de la Iglesia Parroquial La Asunción, de Guanabacoa, se registra que Manuel Nápoles Fajardo falleció y fue enterrado en la Villa, aunque sin especificar la fecha.

¿Quién era Micaela Nin, a la que Martí dedicó el poema? Pues la esposa guanabacoense de Rafael María de Mendive. El matrimonio había sufrido el deceso de su primogénito, y el alumno, sensible y agradecido, le prodigaba versos para la herida. Y en esa tarea de restaurar el alma amiga, estaría sin falta el concurso de quien cultivó flores del espíritu, el casi desconocido Manuel Nápoles Fajardo, Sanlope, a la espera de nuevas búsquedas y de un mejor juicio de la historia.

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