Mi familia, ese preciado tesoro

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Hasta en sueños visualizamos el momento de formar una familia. Con los años el tema se vuelve recurrente y de esta forma ratificamos que llevamos dentro de sí como sangre por las venas, la necesidad de tenerla en un futuro.
Lo cierto es que ese tipo de composición humana, con un proyecto de vida en común es tan vital como el aire que respiramos. Actualmente, existen varios tipos de familias, integradas por diversos miembros y no todos consanguíneos; pero igual se vuelve esta, uno de los pilares básicos de la sociedad.
La familia proporciona apoyo y seguridad. Se sostiene del amor, respeto, consideración y confianza. Es la cuna que nos arropa aún en tiempos complejos porque ella suele estar siempre allí como el tronco de un árbol que da ramas y frutos.
Tal vez a otros les suceda lo que a mí. Cuando concebí la familia no advertía la dimensión de la responsabilidad, del cariño, del apego. No sabía que en medio de tanta fatiga por el bregar diario había una recompensa que se traduce en pasión. No suponía que cada ejercicio cotidiano, matemáticamente hablando, se sumaba y multiplicaba porque somos más que dos y hasta cuatro. Que la vida es canción, sonrisas, desvelos.
No imaginaba que los problemas son retos y que no estar de acuerdo no significa falta de amor, sino diversidad de gustos, criterios e intereses.
En esta época de la COVID-19 hay sobrados motivos para cuidarnos y protegernos. Nos apoyamos en el trabajo desde casa y en las teleclases. Compartimos la música de ayer y de hoy; intercambiamos anécdotas y experiencias; visionamos una buena película; charlamos sobre temas que nos enriquecen culturalmente.
Entre mis hijas, mi esposo y yo, hemos concebido un espacio cálido y de complicidad. Se trabaja en equipo y con igualdad de género. No hay sitio para el egoísmo y la ingratitud porque cada segundo significamos que la familia es la verdadera y única riqueza de la humanidad.
Este quince de mayo cuando celebramos el Día Internacional de las Familias se impone estimar la reflexión de Su Santidad el Papa Francisco: La verdadera alegría que se disfruta en familia no es algo superficial, no viene de las cosas, de las circunstancias favorables la verdadera alegría viene de la armonía profunda entre las personas, que todos experimentan en su corazón y que nos hace sentir la belleza de estar juntos, de sostenerse mutuamente en el camino de la vida.

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