Lecuona: disquisición, crecimiento, reencuentro

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Una vieja fábrica de velas en Guanabacoa dio el nombre a la calle donde estaba la casa en que nació Ernesto Lecuona aquel martes 6 de agosto de 1895. Fue en Cerería número 7 donde se levantaba el inmueble familiar en el cual se anudó la famosa anécdota (casi una leyenda) de la señora negra asomada a la ventana del recién nacido: Qué Dios te bendiga, genio. Y el cielo la escuchó, y la complació en el reclamo para bien de la cultura cubana.

Por aquellos tiempos, tal vez el pequeño Lecuona convivió con otros nombres para su calle en el pueblo embrujado en las márgenes de La Habana. El Callejón de los Indios, o del Zapote, o del Ermitaño (que para el caso era el mismo trazado) reunía a la vera de su edad, todo el mestizaje posible desde el amanecer de la historia misma de Guanabacoa.

Y desde muy temprano, Lecuona atemperó el piano a los misterios de su tierra, que él mismo fue descubriendo y recreando a golpe de creación y de talento. Y el color cubano del que luego hablaría el poeta, está indudablemente en un sinnúmero de danzas, sainetes, criollas, canciones, zarzuelas, caprichos, boleros.

Lecuona llegó a este mundo bajo el signo Leo del zodíaco, como si el equilibrio astral lo conectara firmemente al trabajo y a la lucha. En el horóscopo chino era cabra, donde se describe al artista con ganas de rehacer al mundo. Como escrito precisamente para el genio de la música cubana, se consigna un gran talento artístico que crea constantemente y que, por el contrario, no siempre está alegre. Esas predicciones, increíblemente aparecen en la bitácora existencial de Ernesto Lecuona.

En todo el legado del hombre se inscribe la naturaleza exacta de Cuba con todos sus colores. Y también aparece la España profunda que él supo aquilatar. En obras de gran empaque, como Andalucía, se reúnen las raíces antiquísimas de la península, incluido el contenido púnico por donde pasó a la Tierra de los Conejos la savia africana. Y también las esencias moras que dejaron una impronta que luego se multiplicó al otro lado del mar.

Toda esa música constituye objeto del estudio musicológico. A 126 años de su nacimiento en Cerería número 7 en Guanabacoa, la obra de Ernesto Lecuona representa un lugar importante para cualquier disquisición antropológica con la cual crecer y reencontrarnos.

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