Lactancia materna: un alimento ideal y saludable

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El llanto bendecido del nacimiento, ese primer discurso humano, nos da a conocer para que todos nos atiendan, nos amen, nos eduquen.

De amar con amor, de dar y dar, de no hacer esperar, de desvelos amorosos, dan fe las mejores madres. ¿Y existe acaso alguna imagen más simbólica de ese pacto de amor que un bebé lactando del pecho materno?

Es goteo, rocío casi invisible que se absorbe lentamente. Es tocar con manos suaves la más hermosa música que hará el milagro del crecimiento humano. Así hacen las madres que amamantan a sus críos. No importa la hora, nunca habrá cuerpo cansado ni otra tarea más importante.

Como crisálida convertida en mariposa es ese pequeñín que un día cabía casi en una mano y poco a poco se torna fuerte, no enferma jamás, no come ni toma otro alimento que no sea la cálida leche del seno, que le dio el ser y ahora lo ayuda para que vuele sin caer.

Andar por una sala de puerperio es asistir al comienzo de la vida. De cómo una madre no se desprende de un minúsculo hombrecito o mujercita, sujetado a su cuello y a su espalda por algo similar a un canguro, es la ternura hecha ciencia. Es piel a piel, ternura, calor, susurro que colma tan breves cuerpecitos y engrandece la obra de quienes le arrebatan hijos a la desmedida para empujarlos briosos y fornidos.

La transformación increíblemente rápida y vigorosa de esas personitas que no se apartan del pecho materno es entender que nada puede ser más seguro que el vital alimento.

Del susto a la sonrisa plena pasan estas mujeres que un día dieron a luz un hijo diminuto y solo amor, empeño, paciencia infinita y leche materna a libre demanda lo convierten en niño sano y hermoso.

Es triste ver que, por los más insólitos pretextos, una madre no amamante a su bebé durante sus primeros seis meses de vida. Muy triste ha de ser que una familia haga sacrificios inútiles en alimento artificial para el recién nacido y no prodigue amor, atención, comprensión, a la portadora de todo lo que el niño necesita.

Así como la tierra requiere de la lluvia, la mañana del sol y las noches serenas de estrellas, llora un niño su llanto sin palabras reclamando como único regalo el pecho de su madre.

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