La educación, un derecho y una conquista en Cuba

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En Cuba la enseñanza es gratuita y responde a  todos por igual. A pesar de las conocidas dificultades económicas que afectan al país, el Estado Cubano subsidia y asegura cada primero de septiembre el inicio de un nuevo curso escolar.

Primarias, secundarias, tecnológicos, preuniversitarios y universidades están al servicio del pueblo. No existen distinciones de raza, credo, procedencia social o ingresos; cada cubano tiene el mismo derecho a defender sus sueños de superación.

En la mayor de las Antillas no solo están garantizadas aulas a los estudiantes, sino que está instituida la formación obligatoria hasta noveno grado y la edad laboral  a partir de los 17 años. Sin dudas una política acertada que protege y salvaguarda los derechos de la infancia.

No obstante, aunque no hablamos de mayorías, todavía existen personas que no exigen a sus hijos responsabilidad ante el estudio. La permanencia de los alumnos en los centros escolares, el cumplimiento del reglamento escolar y  de las orientaciones recibidas en clases para el estudio sistemático no puede ser exclusivamente responsabilidad de la institución, es también compromiso de la familia

Es imprescindible que tanto la familia como la comunidad se sumen a tal esfuerzo. La deserción escolar es un mal que debemos combatir desde cada espacio para garantizar el mejor desarrollo de los estudiantes desde las aulas.

Las ventajas de nuestro sistema social se aprecian también en el interés y apoyo por instruir a la nación y propiciarle una fuente inagotable de cultura, aun quimera para muchos en el mundo que aspiran y esperan a que un día les sonría la equidad.

En distintas regiones del planeta el escenario es completamente distinto.  El difícil acceso a la educación sostiene cifras alarmantes de analfabetismo; lo cual se contradice con un siglo “supuestamente” moderno y en camino, cada vez más, al desarrollo de las tecnologías de telecomunicaciones e información.

Con el paso de los años, en otras regiones del planeta, la instrucción se dificulta para aquellos que poseen recursos financieros limitados y la formación de un profesional es considerablemente cara. Esta lamentable situación incide con más fuerza en países pobres, sobre todo, del continente africano y de América Latina.

No es para nada un secreto que en esos territorios los niños, desde temprana edad, comienzan a realizar trabajos para apoyar a su familia a sobrevivir.

La realidad en Cuba es otra, la educación es una conquista de la Revolución, derecho que nos asiste desde enero de 1959. El más universal de los cubanos, José Martí,  expresó que ser “cultos es el único modo de ser libres” y esa libertad está manifiesta también en el saber.

La motivación de un futuro mejor nos convoca a superarnos y estimular a otros a transitar también este camino. Fusionando fuerzas entre sistema educacional y familia, aseguraremos la correcta formación de los educandos. Seamos consecuentes y entendamos que el futuro obedece al presente.

 

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