La décima, parte intrínseca de la cultura cubana

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La décima o espinela, esa combinación métrica dueña de una musicalidad y ritmo singulares, gracias a sus versos octosílabos y rima consonante, se ha convertido en parte intrínseca de la cultura cubana.

Su reinado ha trascendido los límites del ambiente rural y hoy es interpretada en diversos escenarios y localidades del país y entonada por poetas de cualquier edad.

Dueños de una obra fecunda, de alto valor histórico y literario son Juan Cristóbal Nápoles Fajardo (El Cucalambé) y Jesús Orta Ruíz (El Indio Naborí), a quien se dedica cada 30 de septiembre el Día de la Décima Iberoamericana, por coincidir con la fecha de su natalicio.

El análisis de la poesía de El Indio naborí, una de las figuras más prominentes de la espinela en Cuba, se incluye en el programa de estudio de Español _ Literatura de noveno grado, en aras del acercamiento de los adolescentes al paisaje, vida y costumbres del campesinado cubano.

Ya en Mayabeque, resultan de gran notoriedad dentro de la décima Francisco Riverón, natal de Güines y definido por el especialista Alexis Díaz Pimienta como: “…el más literato de su promoción y uno de los mejores repentistas emotivos de Cuba…”

También de este municipio mayabequense procede Iris Travieso Oliva, poeta, artesana, diseñadora y compositora, dueña de un talento e ingenio peculiares; lo confirma su novela en décimas “Carmen Rosa Milanés, la hija de Don Joaquín”, una revelación de la literatura cubana y del género de manera especial.

La obra, presentada en el año 2013, durante la Vigésimo Segunda Feria Internacional del Libro de La Habana, en su paso por San José de las Lajas, recrea una historia real y nos acerca a una sociedad llena de prejuicios y discriminación de la mujer, mediante un lenguaje típico de la época que refiere.

En los Mil 709 versos que la conforman, “Carmen Rosa Milanés, la hija de Don Joaquín” es el resultado de diez largos años de trabajo, de noches de insomnio y una profunda investigación, que hizo posible el sueño de Iris Travieso Oliva, una carismática, sencilla y talentosa mujer, que trasmite en su obra, entre otros aspectos, su posición política.

La palabra y el verso se conjugan en esta novela, de la misma forma que el poeta y repentista Héctor Gutiérrez Jiménez –  quien tuvo a su cargo la confección del prólogo – transmitió entonces su admiración hacia la obra y su autora:

 

¿Ves Iris? Por serle fiel

a un desvelo ya bendito:

hay más oro que grafito,

en la mina del papel.

Gracias, por toda la piel

que a sílabas me erizaste;

no habrá olvido que te aplaste;

gracias, porque aquí, en tu obra,

nada falta y nada sobra

donde el alma regalaste. 

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