La bondad viaja en bicitaxi

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El viernes es día de mi diplomado de periodismo. Gracias a la gestión de nuestra Fefita, llegué a San José de las Lajas, en un camión que me dejó en Las Parcelas. No sé cuántos kilómetros faltaban para llegar a Radio Camoa, pero la tirada era larga. El chofer me dejó a medio kilómetro de la parada de las guaguas. Decidí caminar, pendiente de los autos, por si alguno paraba… pero, sin importar la chapa, nadie me recogió.
Cuando ya había adelantado un par de cuadras, se me acercó un bixitaxero.
– Buenos días… Monta…
– Gracias… Le dije antes de subir y preguntar… _ Buenos días… ¿Cuánto me cobra?
– Nada. Me dijo y sonrió. – Vi que nadie te recogía… Parece que gastan mucho combustible en
parar… Monta, te llevo.
Confieso que sentí cierta desconfianza; hasta que me miró directamente a los ojos y, como si me
conociera de toda la vida, conversó, mientras avanzaba…
– Eso sí. Vamos a tomar un café. Es ahí, en la esquina… Este es como el tercero. El primero me
lo llevó mi mujer a la cama. Llevamos 18 años de matrimonio. No te bajes. te lo alcanzo.
Cuando me alcanzó el café, reparé por primera vez en su aspecto. Tez rubia, sonrisa agradable,
fuerte constitución física, gracias al diario pedalear…
– Te llevaré hasta la dulcería…
Y, sin esperar respuesta, me llevó. Al bajarme del bicitaxi, le di las gracias, por el café y la botella…
Entonces, me identifiqué… – Soy periodista… ¿Puede decirme su nombre, por favor? Ya se
alejaba cuando gritó…
– Eliecer Zulueta…
Necesitaba agradecer ese noble gesto humano, de quien, sin pedir nada a cambio, me alegró el día y
sin saberlo, me ayudó a llegar a tiempo al diplomado donde aprendo a ser periodista, para de
vez en cuando, tener la suerte de redactar crónicas como esta.

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