Ignacio Piñeiro: un precursor del son

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Ignacio Piñeiro fue un músico cubano, director y compositor cuya carrera inició en la rumba. Fue uno de los creadores más trascendentales del son cubano.

Nació el 21 de mayo de 1888 en el barrio de Jesús María, de la ciudad de La Habana. Siendo niño se trasladó con su familia al barrio de Pueblo Nuevo, donde se inició en la música popular y folclórica cantando en coros de claves infantiles.

Desde sus primeros años conoció los diferentes toques de los cabildos africanos, de cuya música se alimentaron algunas de sus creaciones, dadas a conocer con la agrupación de clave y guaguancó “Timbre de Oro”, de la que formó parte desde 1906 como decimista improvisador.

A 133 años de su natalicio muchas de sus obras han alcanzado la categoría de clásicas. Sin embargo, para “Échale salsita” se inspiró en las populares butifarras de El Congo. Esta canción elevó al pequeño poblado de Catalina de Güines a un sitio imperecedero de nuestra música.

Más allá de la anécdota el tema de Ignacio Piñeiro se ha propagado por su gracia y novedad. Y  este uno de los sones que revolucionó el pentagrama musical cubano.

Autor de piezas muy distinguidas y notorias, Piñeiro demostró raíces ancestrales y el don de invitar a cantar y bailar a quien percibiera las interpretaciones.

Auténtico cronista del período en que le tocó vivir, Piñeiro creó el Sexteto Nacional primero, que luego se convertiría en Septeto, el cual llega hasta la actualidad sin desistir de la esencia de la música tradicional de la Isla, la que protege y muestra, con orgullo, a las nuevas generaciones.

Ignacio Piñeiro fue uno de esos casos síntesis que logró captar, desarrollar y expresar la fortuna plena del son, y por las transformaciones estructurales, compás, ritmo, empleo de armonías y letras depuradas lo convirtió en el son clásico, que todavía hace de las suyas en los bailables populares.

 

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