Fidel: la decisión, la fe en la victoria (+Video)

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Comandante
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No fue solamente la lectura creadora de la historia de Cuba, la que definió la voluntad de vencer de Fidel. Él mismo se inscribe en la saga heroica de los hijos de Cuba, dispuestos desde el amanecer de esta tierra a remontar imposibles, a desafiar gigantes, a levantar a otros del lógico desaliento.

El 26 de julio de 1953 supuso una durísima prueba. Alguien dijo muchos años después que ningún revés de los revolucionarios cubanos fue jamás definitivo. Y cada muerte de un prócer implicó un golpe demoledor: Agramonte, Céspedes, Martí, Maceo, Mella, Guiteras, significan heridas en el alma de millones.

Pero siempre prevaleció la decisión de levantar la bandera del caído. El fracaso de las acciones en Santiago de Cuba y en Bayamo, no apagó la fe del nuevo líder. El teniente de la patrulla que lo arrestó, Pedro Sarría Tartabull, ni entonces ni después dejó de reconocer el valor de aquel joven abogado, que certificaba en la primera línea del peligro a la revolución como fuente de derecho.

No solo se malogró el proyecto diligentemente preparado durante tanto tiempo, sino que casi todos los cuadros con quienes Fidel contaba para iniciar la fragua de un nuevo tiempo en Cuba, fueron cruelmente asesinados por los sicarios de la dictadura. En una entrevista poco antes de fallecer de cáncer, el honorable oficial que lo condujo prisionero hasta Santiago de Cuba contaba sobre el encuentro en el vivac con el jefe del Regimiento del Cuartel Moncada.

Y allí, sin la más mínima sombra de la vacilación, Fidel se enfrentó al coronel Alberto del Río Chaviano, el hombre encargado de cumplir la alevosa orden del tirano Fulgencio Batista de masacrar a los prisioneros. Ante el estupor del esbirro miserable, no solamente detalló las leyes revolucionarias que entrarían en vigor de triunfar la causa de la Generación del Centenario, sino que de tener la posibilidad, volvería a las armas para repetir la acción.

El Líder de la Revolución nunca perdió la iniciativa. En la prisión reconstruyó y enriqueció el alegato de autodefensa La Historia me Absolverá. Bajo las más estrictas reglas de la clandestinidad, el texto fue impreso y repartido por el país. La derrota militar devino formidable victoria política de las ideas.

Sus únicas promesas radicaban en la lucha. Los personeros del régimen se burlaban en la prensa de aquel compromiso de Fidel de ser libres o mártires en 1956.Para cualquier criterio academicista, pudiera parecer un suicidio el pequeño yate Granma rebasado en su capacidad por 82 hombres a bordo, en condiciones no óptimas para la navegación, y con el peligro real de ser aniquilados por un eventual ataque de la marina y de la aviación.

La recalada ocurrió en las peores condiciones posibles. No fue en la playa Las Coloradas, como de cuando en cuando se dice. Aconteció en Los Cayuelos, a cierta distancia de la costa. Otra vez la fuerza inspiradora de Fidel lograba remontar aquel trance de más de un kilómetro en la dramática telaraña del mangle, bajo el acoso de la aviación enemiga, ya alertada del desembarco.

Y en Alegría de Pío, el bautismo de fuego devino otro desastre militar. Y los días ulteriores fueron más terribles todavía. Las palabras del Comandante en Jefe en Cinco Palmas, suponen la resonancia perpetua de la fe en la victoria dispuesta a vivir. Y fue el autor de la guerra asimétrica que todavía asombra a cualquier historiador honesto del mundo.

Inevitablemente habrá que regresar a la epopeya de ese hombre extraordinario, nacido para vencer. Quizá la mejor explicación de su empuje se encuentra en el autor menos esperado. El ejército francés acantonado en Argelia se sublevó contra el general Charles de Gaulle en abril de 1961. Como jefe de la asonada, se extendió el nombre de Maurice Challe.

El General-Presidente de la Quinta República Francesa reclamó informes. El oficial autor de la rebelión amenazaba insistentemente con un letal desembarco aerotransportado contra París. Dicen que De Gaulle, con su natural aplomó respondió: “Si fuera Fidel Castro ya estuviera aquí. Pero Challe no”

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