Estados Unidos en la pupila de José Martí

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Cada mayo, en los días previos a otro aniversario de la caída del Apóstol en Dos Ríos, el Centro de Estudios Martianos realiza su principal foro de pensamiento. Por estos días, sesionó virtualmente el Coloquio Internacional “Estados Unidos en la pupila de José Martí”.

El tema, capital en la concepción revolucionaria del prócer, resulta aún de trascendental importancia en la salvaguarda de la identidad y de la soberanía de su pueblo. Grabados y publicados en línea en las plataformas digitales, los trabajos ofrecen una suerte de interacción permanente y global.

Uno de ellos, por ejemplo, el de la ensayista y profesora universitaria cubana María Caridad Pacheco González, retrotrae el papel casi desconocido por nosotros, pero suficientemente atendido por Martí, del presidente costarricense Juan Rafael Mora Porras, quien condujo a su país a la victoria contra los mercenarios del filibustero William Walker. El estudio en cuestión recoge la alerta del Apóstol, ante el expansionismo yanqui, buscando la anexión de nuevos territorios para acceder al Pacífico.

Este Coloquio nos conectó con la necesidad permanente de volver a las famosas Escenas Norteamericanas, pero sobre todo, para leerlas perforando, con el debido oído avisado y el ojo alerta. El propio Martí aclaró cierta vez: “Yo no vivo en Washington”. Era un verdadero genio en el cruce de las fuentes públicas, las que todo el mundo tenía a mano.

Sabía emplear con deslumbrante belleza esa clave universal del periodismo, pero era un ser humano. Alguna que otra vez tendría el valor de autocriticarse, hasta de pedir encarecidamente que no le publicaran algún trabajo, porque sencillamente se había equivocado.

El investigador y ensayista cubano Rodolfo Sarracino Magriñat lo explica brillantemente en un artículo publicado en el Portal José Martí. Y significa que el nombre del estratega naval, el contralmirante Alfred Thayer Mahan no aparece en ninguna de las crónicas.

Es del todo improbable que el Apóstol no conociera de su condición de geoestratega del emergente imperio norteño, ni que no leyera sus famosos libros La importancia del poder marítimo en la historia, y Los Estados Unidos mirando hacia afuera.

¿Por qué ese silencio de Martí? Sarracino Magriñat cree con muchísima razón que el Apóstol no quiso llamar la atención sobre su proyecto de independencia de Cuba y Puerto Rico, que contemplaba pararle los pies al gigante en el escenario antillano.

En la carta inconclusa a su amigo mexicano Manuel Mercado escribió que en silencio ha tenido que ser y como indirectamente la tarea de preparar una revolución (mucho más que una guerra), para detener a un imperialismo naciente, que resultó ser el más poderoso y el más agresivo de la historia, y como si fuera poco, vecino cercano.

El héroe vivió sus últimos 15 años en los Estados Unidos. Allí cristalizó como canon literario de Hispanoamérica, como el periodista ejemplar, orador, cónsul, conspirador, organizador.

Ese talento-luz aún expone en aserto justo y exacto la naturaleza de aquel país que, por razones geopolíticas y socioeconómicas, devino enemigo histórico de la Patria que el Maestro contribuyó a conquistar con sus ideas y con su sangre. El Coloquio del Centro de Estudios Martianos confirió nuevamente lumbre a la responsabilidad de defenderla.

 

 

 

 

 

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