Ellas, las educadoras de círculos infantiles

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Cada día ellas disponen su mejor sonrisa en ese afán de repartir alegría con la certeza de enseñar desde el corazón, con la magia que solo habita en quienes comprenden que educar desde los primeros años de vida es una difícil pero dulcísima misión.

Son las educadoras de círculos infantiles, quienes a diario reciben a niños y niñas a los cuales incentivan a aprender y jugar, a socializar, a querer, porque mucho de amor va en cada jornada, en esa pretensión de propiciar felicidad a quienes son la esperanza del mundo.

Cuidan con esmero, apaciguan el llanto de unos y responden a las curiosidades de otros, abrazan desde el instituto maternal sin distinción, solo con el deseo infinito de hacer por el bienestar y felicidad de los pequeños que junto a ellas emprenden el camino de la vida.

El tiempo, que no se detiene dará cuentas de la valía de su esmero, transcurrirá casi sin darse cuenta y tatuará la memoria con el crecimiento de esos pequeños, que siempre recordarán ese sitio donde recibieron amor y aprendieron.

Ellas siempre estarán ahí, dispuestas, prestas a sortear dificultades y por encima de ellas cultivar la esperanza y hacer hasta lo imposible porque primen las sonrisas, en los reparadores de sueños, en los que saben querer.

Llegue este día la felicitación a ustedes, educadoras, también la gratitud y el aplauso mayor que merecen los que ponen el alma y la pasión para fraguar la maravilla.

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