El bienestar de nuestros niños garantiza la esperanza.

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El cuidado de nuestros hijos resulta primordial en cualquier momento del año, pero en los meses de verano mucho más, sobre todo porque concurre un peligro aún mayor que nos acecha y que en temporadas pasadas no existía: La Covid 19.

Aunque se ha comprobado que los infantes conforman el grupo etario menos vulnerable a la pandemia, de lo cual se desconocen con certeza las razones, la amenaza está y es real.

La crisis que hoy vive el planeta no se reduce a una conferencia diaria para informarnos sobre la situación existente en el país, ni tampoco al cuidado exhaustivo del orden y la disciplina por los representantes del Ministerio del Interior.

El peligro va mucho más allá. Es una certeza y aunque pareciera que se aleja, este es el momento más peligroso porque nos confiamos y ahí precisamente está el error.

No podemos bajar la guardia. Es cierto que los pequeños necesitan salir de casa para desarrollar actividades deportivas, recreativa que contribuyan a su entretenimiento y disfrute y ¿por qué no?, también al nuestro; pero las medidas de prevención que por demás conocemos, no podemos olvidarlas.

Los círculos infantiles de nuestra ciudad capital regresaron a la normalidad, algo muy necesario para nuestros niños, y en especial para las madres que necesitan trabajar para ganarse el sustento del hogar.

Pero en estas instalaciones educativas se cumplen estrictamente todas las medidas orientadas para proteger la salud, tanto de los pequeños como de las educadoras y el resto del personal del centro.

En la mayoría de los casos somos los padres quienes nos confiamos en nuestros hogares y fuera de ellos y somos demasiado permisibles y consentidores, sin darnos cuenta de que con esa actitud, solo afectamos la salud de nuestros hijos y por ende la del resto de la familia, donde puede haber un adulto mayor o una persona con alguna enfermedad crónica, grupo más afectado por la Covid 19.

Proteger a nuestros hijos en todo momento es nuestra obligación. Contribuir a su sano esparcimiento; nuestro deber. Pero no olvide que además de los peligros más recurrentes como una caída, ingerir alguna sustancia tóxica, introducir el dedo en tomacorriente, ahora existe una amenaza mucho mayor y que lidera la lista: una pandemia que no es visible y que si baja la guardia, puede cobrar la vida de sus seres más queridos.

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