Contaminación acústica, una amenaza real

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La vida moderna nos expone continuamente a diferentes sonidos, algunos de ellos muy fuertes y molestos ¿Sabías que esta situación puede causar problemas a nivel psicológico y físico? Las bocinas de los autos, la música alta, alarmas y los gritos forman parte del ambiente de las comunidades actuales y lo peor es que nos estamos adaptando a ello.

Varias investigaciones han confirmado novedosos descubrimientos sobre la relación de los seres humanos y sus ambientes. La contaminación acústica, tan común en la sociedad del siglo XXI,  aumenta el nivel de estrés, eleva la presión arterial, provoca síntomas depresivos y fatiga crónica. La mayoría de las personas interactúan con el ruido constantemente y cada vez parece que les molesta menos.

Está tan ligado a la vida cotidiana que ni siquiera nos percatamos de su presencia. Sin embargo, estudios médicos demuestran, que la exposición a sonidos mayores a 65 decibeles o decibelios, así como el contacto diario con ruidos de mayor intensidad, desencadenan problemas en el sistema cardiovascular. El organismo genera respuestas hormonales de intento de escape y el cuerpo responde con sobresalto.

Según la Organización Mundial de la Salud, el ruido frecuente está vinculado con enfermedades como la angina de pecho y el infarto agudo del miocardio, también argumentan que causa más daños en la noche que cuando son diurnos por su incidencia negativa en el sueño.

Esa exposición prolongada provoca que el cuerpo esté sobrealerta, por lo cual, trae inherente un aumento significativo de adrenalina y cortisol, además de alteraciones en los sistemas inmune y endocrino.  Se han detectado numerosos casos en los que reduce las defensas del organismo y lo hace más vulnerable a bacterias y virus, y por tanto, susceptible a distintos tipos de enfermedades.

Todos estos análisis convocan a contribuir desde nuestros hogares, centros de trabajo y de la comunidad, a intentar mantener una conducta sensata, evitando ruidos innecesarios que ocasionen daños irreversibles a nuestra salud. Ya lo dijo Pablo Neruda: “Me gustas cuando callas porque estás como ausente…”

 

 

 

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