Cerco y dignidad

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No es la primera vez que el viento trae malas nuevas desde el norte. Los cubanos, gente de costas abiertas y cielo despejado, conocemos bien el ruido de las amenazas. Estas llegan a veces como bloqueo asfixiante, otras como injerencia descarada, y en ocasiones como campañas de mentiras que pretenden vestir de caos lo que es sobre todo resistencia.

Pero aquí, en esta isla de  palmas reales y de intenso calor humano, la respuesta no se negocia. Cuando rugen los motores de la hostilidad, no hay pánico en los ojos del pueblo. Hay una memoria larga, curtida en Playa Girón, en los años duros del Periodo Especial, en cada ciclón que nos enseñó a levantarnos juntos.

La amenaza de hoy es cibernética, económica, política. Intentan asfixiarnos para que vendamos nuestra alma. Pero el cubano, ese que madruga a hacer cola para el pan y que comparte el poco café con el vecino, ese que improvisa un repuesto o una canción, no se amilana.

“Patria o Muerte”.No es un eslogan vacío. Es la certeza de que no hay invasión, chantaje ni bloqueo que doblegue a quien ha decidido defender lo suyo. Lo vimos en los malecones llenos de jóvenes con banderas, en los médicos que van al mundo a salvar vidas, en el agricultor que siembra sin agua. Lo que llaman amenaza, para nosotros se llama costumbre. Y lo que llaman defensa se llama vivir.

Así que sí, vengan las tormentas. Aquí hay un pueblo que sabe esperar, resistir y, cuando hace falta, plantar cara. Porque Cuba no es solo una geografía: es una decisión. Y esa decisión se llama dignidad.

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