Celia, una flor de la Revolución

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En la vida de Celia Sánchez Manduley hay cierto lirismo, cierta ternura, dulzura, poesía que cautiva. Por eso me resulta perfecto bautizarla como la flor autóctona de la Revolución. Porque de todo eso que hay en las flores hay en ella. Fue Celia una constante difusora y defensora de la historia, las artes, las modas, las comidas.
Ayudó a artistas en ocasiones no comprendidos y colaboró con muchos en la preparación de regalos y adornos con motivos nacionales, desarrolló esa devoción natural por los exponentes de la cultura de su país.
Frágil e impresionante a la vez, como suelen ser las cosas sublimes de la naturaleza fue Celia. Defensora de la flora y la fauna, no era extraño encontrarla entonces en excursiones y pesquerías. Pero Celia no es una de esas flores de adorno, ella es más.
Fundadora y dirigente del Movimiento veintiséis de julio, sobresalió en la ayuda a los expedicionarios del yate Granma, fue la primera mujer que se integró al Ejército Rebelde y trabajó veintitrés años junto a Fidel.
Si ha de ser una flor que así sea, pero no cualquier flor, que sea entonces como una de esas mariposas, símbolo de nuestra nacionalidad que estuvo junto a los mambises en la manigua redentora. Eso es Celia.

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