Capitán tranquilo, paloma y león

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Aquella imagen de Camilo Cienfuegos, al frente de la gran marcha de caballería de su columna invasora en la Plaza de la Revolución en el sexto aniversario de los sucesos del 26 de Julio, conserva siempre una hermosa resonancia. En la muerte de Fidel, el capítulo del Héroe de Yaguajay y la carga de José Martí en su caballo Baconao, se transpusieron en la hermosa canción Cabalgando con Fidel, de Raúl Torres. Camilo significará siempre la lealtad al Comandante en Jefe, en la cristalización del evangelio vivo de los cubanos.

Nació el seis de febrero de 1932 en la barriada de Lawton, en el actual municipio de Diez de Octubre, en La Habana. Su padre, Ramón, era de origen asturiano. La madre, Emilia, procedía de una familia de Cantabria. Aunque el propio Che Guevara, amigo de Camilo, recomendó alguna vez que no se intentara encasillar al pensamiento del Señor de la Vanguardia en una ideología específica, en numerosas fuentes se consigna que en el padre Ramón Cienfuegos obró un proceso del anarquismo al socialismo.

Y son muy conocidas las influencias del padre en el hijo. En Camilo jamás se apagó la admiración por el viejo. Y cuando el muchacho resultó herido en diciembre de 1955 en la pierna, el padre Ramón Cienfuegos extendió votos de orgullo por el hijo que ya había derramado su sangre por la Revolución. Al margen de clichés y de declaraciones formales, Camilo Cienfuegos integra junto a Mella y al Che la trinidad de combate de la juventud comunista de Cuba.

Dicen que a su paso se creaba la leyenda. En la saga de Camilo se verifican curiosidades. Fue el expedicionario 82 del yate Granma, el último, sin la recomendación de alguna célula del Movimiento 26 de Julio. Un moncadista, Reinaldo Benítez, se lo presentó a Fidel, y tal vez por el consabido instinto del Comandante en Jefe de aquilatar a los hombres, fue admitido.

El Che le dedicó su manual La guerra de guerrillas, y ahí calificó a Camilo como el más grande guerrillero que dio Cuba. Grandes, muy grandes debieron de ser sus hazañas para escalar desde el número 82 en la expedición, a ser el jefe del Estado Mayor del Ejército Rebelde.

Por ahí circula una misteriosa lista de músicos que fallecieron a los 27 años. Con el paso del tiempo, se incluyeron creadores de otras disciplinas. Con esa misma edad murió precisamente Camilo Cienfuegos, el estudiante de escultura en la Academia de Bellas Artes de San Alejandro, carrera a la que tuvo que renunciar por problemas económicos.

Fue, eso sí, un auténtico creador en la obra más democratizadora que se conozca. Los Camilitos significan a ese estamento otro de la juventud, donde encuentran equilibrio el estudio, la alegría y el honor, como fue la propia existencia del Héroe de Yaguajay. Peregrinar hasta las costas, que las flores definan los contornos del mar en cada octubre, constituye una costumbre, un color indispensable de la cubanidad.

Aún cabalga el ejemplo de Camilo Cienfuegos, sembrando en esa esperanza que le canta a un capitán tranquilo, donde habitan juntos la paloma y el león.

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