Bolívar tiene que hacer en América todavía

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Simón Bolívar nació en Caracas el 24 de julio de 1783. Pero el sujeto lírico heroico le dispensa un regreso cada cien años. En encendida arenga, Martí dijo que América hervía a principios del siglo, y él fue como su horno. El verbo del Apóstol, igualmente fragua como la empresa de El Libertador, parece ajustarse a la hora difícil y tal vez decisiva para esta familia de pueblos. Vuelve a la vida el Hombre de las Dificultades, en este minuto en que el desafío no fue jamás tan grande.

La existencia de Bolívar demostró desde hace muchísimo tiempo, que ni siquiera una Campaña Admirable asegura una victoria definitiva. La historiografía suele relatar aquellos 90 días gloriosos en que el héroe atravesó dos veces la cordillera andina, siete ríos formidables, bosques, llanos, en que deshizo ejércitos realistas, para llegar a Caracas en agosto de 1813. Allí el Cabildo le confirió el título de El Libertador. Nunca con menos se hizo más, escribió el General Mitre, el biógrafo de San Martín.

En su estudio Historia del Siglo veinte, el alemán Gervino aseguró que Esta campaña no es inferior a cuanto conocemos de lo más audaz en Europa. Y tras la acción de llaneros al servicio de España, Bolívar tuvo que retirarse, y con él tanta gente caraqueña que sucumbió en el trance. No sería la última vez que El Libertador fuera víctima de gente extraviada. Al Bolívar redivivo de hoy, a su sueño aún por cristalizar, le está pasando casi exactamente lo mismo.

En sus escasas horas de gobierno tras el golpe fascista de abril de 2002, la derecha venezolana desmontó el aparato democrático del país, pero lo primero que hizo no se olvide nuncafue retirar el retrato de Simón Bolívar del despacho del presidente constitucional Hugo Rafael Chávez Frías. Al títere de la reacción, el empresario Pedro Carmona Estanga, lo interpelaron luego en la Asamblea Nacional sobre ese incidente, y no pudo articular una respuesta.

Claro que Bolívar alertó contra el peligro del norte imperialista. Ni siquiera le alcanzó salud y vida para vivir el despojo contra México, pero dejó muy en blanco y negro que los Estados Unidos parecen enviados por la Providencia a plagar de miserias a la América en nombre de la libertad.

Martí escribió para los niños en La Edad de Oro que murió más por pesar en el corazón que por el mal en el cuerpo. Consciente de su gravedad irreversible, quería que su muerte al menos consolidara la unidad. No fue posible entonces, ni mucho menos en los años subsiguientes.

Congregar a la familia dividida fue su última voluntad. En esta hora del regreso de El Libertador, a 239 años de su natalicio, cobra vigencia la oratoria martiana: lo que él no dejó hecho, sin hacer está hasta hoy, porque Bolívar tiene que hacer en América todavía!

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