Agosto de 1933: el ensayo de la gesta por venir

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El machadato fue otra herida profunda en el alma cubana. Quizá por eso, la noticia numerosa de una cruenta dictadura trascendió durante tanto tiempo en el rumor del pueblo. Los abuelos jamás olvidaron la penuria profunda, ni los crímenes atroces acontecidos durante el gobierno del Sátrapa de Manajanabo.

Así y todo, jamás se apagó el mito del Machado bueno en una primera etapa, y del Machado malo en una segunda. El Crack de 1929 y la crisis ulterior, como era lógico, no dejaría de impactar en una economía de monocultivo, débil y dependiente. Ese golpe, de repercusión global, vendría a delimitar dos períodos muy diferentes en la gestión del tirano, pero la idea de un Machado bueno no se ajusta a la verdad histórica.

El hombre procedía del mambisado, pero fuentes nada sospechosas de revolucionarias lo acusan de abigeato, de ser particularmente violento, de ciertos desajustes de personalidad. A la espera de un diagnóstico definitivo, algunos lo consideran un psicópata social. Su vasto plan de obras públicas, aumentó las posibilidades de empleo, pero al mismo tiempo ordenó eliminar la dirigencia natural de los trabajadores.

Antesde tomar posesión en su cargo, ya había advertido que no toleraría huelgas. Para sus adversarios políticos, dirigió mensajes nada diplomáticos. Algunos que lo conocían bien, no tardaron en poner pies en polvorosa. Otros tal vez no creyeron que llegaría a tanto y se quedaron. El comandante Armando André, periodista de los conservadores, publicaba críticas satíricas contra el Presidente. Los sicarios machadistas lo acribillaron a perdigonazos en la puerta de su propia casa.

El odio feroz del tirano se enfocó desde muy temprano contra la conciencia límpida de los trabajadores y de los estudiantes. En la presunta etapa del Machado bueno, cayeron muchos, entre ellos, Tomás Grant, Baldomero Duménigo, Enrique Varona, José Cuxart, Salvador Torres. Dos comunistas, Noske Yalob y Claudio Bruzón fueron arrojados vivos en la bahía. Los restos del segundo fueron hallados en las tripas de un tiburón. Alfredo López fue desaparecido. Su osamenta solamente apareció después de la caída de Machado.

El recién fundado Partido Comunista, recibió un golpe demoledor. En Julio Antonio Mella se consigna la bitácora exacta de la represión: la cárcel, la huelga de hambre, el exilio, la calumnia, el asesinato en México. Las garras del asno no tuvieron límites ni fronteras. Aunque al principio negó la intención de reelegirse, luego impulsó reformas constitucionales para perpetuarse en el poder. El faraónico programa constructivo sumió en la pobreza a la gente, en tanto la policía y la Porra multiplicaban el matonismo y la extorsión.

Una huelga de transportistas iniciada el 23 de julio de 1933, suscitó una escalada de paros y de protestas que no se detuvo hasta la fuga del dictador 20 días después. En la memoria de la gente perduró la masacre del 7 de agosto en las calles de La Habana. En una alocución por radio, Machado no se excusó por la atrocidad de sus gendarmes. Culpó al diplomático norteamericano Benjamín Sumner Welles, y dio por terminada la Mediación.

En un amago de guapería, hasta dijo que se pondría al frente del ejército cubano ante una eventual intervención de los Estados Unidos. La alta oficialidad se le sublevó. En sus memorias, escribió que desde el hidroavión Sikorsky rumbo a Nassau, vio arder las casas de sus correligionarios. La gente se tomó la justicia por su mano en aquel agosto de una revolución que luego se fue a bolina. Pero sería el ensayo de la gesta por venir.

 

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